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Narcoestrellas

Armando Montenegro
29 de septiembre de 2012 – 06:00 p. m.

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Después de la iniciativa del presidente de Millonarios de devolver dos estrellas, correspondientes a los campeonatos ganados cuando su club era manejado por Gonzalo Rodríguez Gacha, se han oído varias propuestas para que distintas personas e instituciones de la sociedad colombiana entreguen voluntariamente, así sea en forma simbólica, una multitud de cosas que ganaron a raíz de sus vínculos con el narcotráfico.

Se podría fantasear con la idea de que el Museo Nacional abriera un Pabellón de la Verdad para alojar todos esos objetos, títulos y reconocimientos. Esta exhibición sería una especie de espejo donde el país podría contemplar gran parte de su pasado reciente.

En el ala del deporte se presentarían, al lado de las de Millonarios, las estrellas mal habidas del América y Nacional y las confesiones de cómo éstos y otros equipos trataron de ganar, en forma torcida, campeonatos de fútbol. En un pedestal especial se colocaría la Copa Libertadores que ganó el Nacional en 1989. Muy cerca estaría la foto del árbitro asesinado en ese año y las evidencias de las amenazas y sobornos a árbitros, jugadores, dirigentes y periodistas. Se proyectaría un video con el ofrecimiento de un gol de la selección de Colombia del Pipa de Ávila a Miguel Rodríguez Orejuela y las fotos de los jugadores cuando salían de la Catedral después de visitar a Pablo Escobar. Ochoa Uribe y Francisco Maturana presentarían testimonios grabados de lo que vieron y oyeron cuando trabajaban en ese mundo.

Una sección especial destacaría los detalles del asesinato de Andrés Escobar y las amenazas que sufrió la selección de Colombia en el Mundial de Estados Unidos.

En otro rincón del museo se mostrarían las coronas devueltas por las ganadoras de centenares de reinados de belleza de todo el país —desde los de Cartagena hasta los del tiple y la panela—, y los recibos de los servicios de las prepagos más famosas, así como las actas de matrimonio de reinas, princesas y modelos con toda suerte de capos, capones y capitos.

En la galería de la política, los partidos devolverían voluntariamente las credenciales de los miles de cargos de elección popular obtenidos con los dineros de la mafia. Por allí se exhibiría una banda presidencial y docenas y docenas de fotos de senadores, representantes, concejales y diputados untados por el narcotráfico. Se colgarían cuadros estadísticos con cifras de la narcofinanciación de propagandas de radio y televisión, camisetas, aviones, helicópteros y demás gastos de campaña.

Habría fotos y escrituras de casas, palacetes, fincas, discotecas, casinos y otros inmuebles financiados con inversiones, sobornos y pagos de narcotraficantes.

En el rincón de las Farc, fruto del proceso de paz, esta organización entregaría recibos, fotos y videos de sus actividades de producción, tráfico y lavado, así como una descripción de las rutas de exportación y un listado de asesinatos y secuestros. Los ‘paras’ y las bacrim harían lo mismo.

En una palabra, este sería un gran pabellón donde quedaría expuesta buena parte de la historia reciente de Colombia.

Como, en realidad, nadie va a devolver, mostrar o contar nada de lo que ganó con el narcotráfico, por lo menos en el campo del fútbol queda el consuelo de que Pékerman y los jugadores jóvenes, como Falcao y James, hasta donde sabemos, no tuvieron nada que ver con esa porquería.

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