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El Caminante

Los reales héroes

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Un héroe en el silencio, Héroes del silencio, como aquella banda de rock. Un héroe del día a día, del minuto a minuto, que lucha a cada instante por ser en algo mejor que antes, que se la juega desde las mañanas hasta la noche y más por conseguir lo que se necesita para comer, para pagar el arriendo, la luz, los colegios de los niños. Un héroe sin capas ni máscaras que hace su trabajo cuidando cada detalle, convencido de que su labor es única, de que en el pastel que prepara, o en la silla que fabrica, en una traducción, en la pieza de metalurgia que construye o en los planos para un puente que diseña, en la pieza de teatro que crea o en el texto que escribe están su vida, sus aprendizajes, el futuro de la familia y de quién sabe quién, y su credibilidad y su legado. Un héroe sin flashes ni medallas que más allá del horario que le imponen, sabe que en la vida no hay horarios ni divisiones de trabajo y vida, ni soluciones mágicas ni tiempo para el lamento y el culpar a los otros.

Un héroe a la sombra, que en las noches, cuando intenta dormir, sonríe, consciente de que lleva días, meses, años entregándose por entero a su labor, que es como decir a su gente y a la gente, aunque jamás lo mencione, y que en las mañanas se mira ante el espejo y es capaz de verse y repasarse una y mil veces porque no le debe nada a nadie, porque sabe, y lo puede decir en voz alta, que siempre luchó, que lo dejó todo en la cancha, como dicen los futboleros, y eso, en últimas, es lo único que está en sus manos, porque el resto, lo demás, eso que el mundo llama éxito, o victoria, o ser un ganador, depende de mil asuntos, y la mayoría de las veces está determinado por los intereses, las conveniencias, los atajos, los favores y las trampas. Un héroe al desnudo, con unas cuantas arrugas en el rostro y dos o tres kilos de más, que ha comprendido que los años lo volvieron más sabio, y que comprender, bien puede ser un sentido de vida.

Un héroe vestido a la penúltima moda, o a la que se pueda, que va por la calle viendo decenas, cientos de personajes como él, hombres y mujeres que tal vez no han pensado jamás que son heroínas y héroes en carne, hueso, nervio y músculo, y que por no haberlo pensado, cargan con cruces de culpas y con viejos resentimientos y con el peso del trabajo, que volvieron trabajo, en toda la extensión del término, por afrontarlo como un “trabajo”. Héroes anónimos, como usted y como yo, como aquella y como aquel, infinitamente ignorados, en gran parte por la vendible explosión y exposición de súper héroes de las películas y de “triunfadores” que salen en los periódicos, que nos llevan a querer salvar el mundo sea como sea, generalmente por aprobación, y nos han vuelto ignorantes de ese mucho de heroísmo, del heroísmo real, que hay día tras día en cada uno de nosotros.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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