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Sudán del Sur, Escocia, Cataluña…

Armando Montenegro
22 de septiembre de 2012 – 06:00 p. m.

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EL NÚMERO DE PAÍSES DEL MUNDO no ha dejado de crecer desde hace 100 años.

Con el nacimiento de tantos países, cualquier persona que aprende geografía pronto queda desactualizada. Lo mismo les pasa a los mapas y los vistosos atlas que se imprimen de cuando en cuando.

Antes de la Primera Guerra Mundial había 59 países; después de la Segunda Guerra Mundial, 74; 89 en 1959, y 196 en la actualidad (si se consideran casos como los de Puerto Rico, Taiwán y Palestina, el mundo podría tener más de 220).

Desde 1990 se han creado 34 países. La desaparición de la Unión Soviética explica 11. La desintegración de Yugoslavia dio lugar a seis países. El más nuevo, del año pasado, es Sudán del Sur, separado de Sudán. La tendencia a la secesión sigue su curso.

El movimiento de independencia de Escocia está avanzando. Este país, que fue independiente por cerca de 1.000 años hasta 1707, encontró en 1970 un motivo para separarse del Reino Unido: el descubrimiento de petróleo en el mar del Norte, frente a sus costas. Después de muchas negociaciones, se ha programado un referendo para definir este asunto en 2014.

La independencia de Cataluña tiene ahora el decidido apoyo del gobierno autonómico y ha recibido un nuevo ímpetu a raíz de las fuertes tensiones con Madrid a causa de la crisis económica. Hace pocos días se presentó en Barcelona una enorme manifestación de apoyo a la independencia y el equipo de fútbol BFC sigue catalizando el espíritu nacionalista (el Barça juega en ocasiones con un uniforme con los colores de la bandera de Cataluña).

Quebec casi logró su independencia de Canadá en 1995, cuando un referendo sobre la separación de esa provincia fue negado por sólo 50.000 votos. Aunque el tema sigue vigente, no está programada una nueva votación para definir el asunto.

Algo parecido sucede en Bélgica, donde los viejos motivos de separación de flamencos y valones se mantienen vivos.

Los procesos separatistas de Europa tienen lugar dentro de un proceso simultáneo de consolidación de una gran federación de estados cada vez menos autónomos. A medida que se transfiere la soberanía a Bruselas (un movimiento que se va a acelerar con las necesarias medidas para enfrentar la crisis económica), la independencia de los antiguos gobiernos nacionales pierde significado y aumenta el incentivo de las antiguas provincias para formar parte, directamente, de una gran Europa unida. Barcelona podría cumplir las disposiciones económicas impuestas desde Bruselas y evitar a los odiosos intermediarios madrileños que se limitan a transmitir las exigencias de la UE. Los escoceses saben que, como miembros de la comunidad europea, no habrá pasaportes ni aduanas entre su país e Inglaterra, de tal manera que, para muchos propósitos, nada cambiará, pero, en cambio, sí podrían manejar su riqueza y sus asuntos sin la injerencia de Londres.

Este tema se resolvió en Colombia en 1830 con la separación de la Gran Colombia y, más adelante, en 1903, con la intervención norteamericana en Panamá. Desde entonces, las intermitentes voces separatistas de la Costa Caribe, Antioquia, Pasto o San Andrés no han dejado de ser parte de las estrategias regionales para lograr un mejor trato del gobierno central.

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