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En los dos últimos años, y de forma más relevante en los seis últimos meses, hemos escuchado un sinfín de opiniones sobre las causas que han originado la grave crisis financiera actual que están viviendo Europa y EE.UU. Políticos, economistas, premios Nobel, sociólogos, etc, a través de la prensa escrita y otros medios de comunicación han explicado las causas y sus efectos, así como su visión sobre las medidas urgentes para mejorar la tendencia negativa de la economía.
Han aparecido en escena los “mercados” como algo temible, insaciable, avaricioso y causante de todos nuestros males. Aunque mercados existen de muchos tipos, el de deuda y el de renta variable han adquirido una especial relevancia. El primero tiene un comportamiento paralelo al riesgo y la incerteza. El coste de la deuda aumentará si se percibe del acreedor la posibilidad de no hacer frente a la devolución de la deuda y al pago de los intereses. Sin embargo, el mercado de renta variable se comporta de forma asimétrica: el inversor, contagiado muchas veces por lo que hacen otros y por las malas noticias financieras que implican riesgo e incerteza, decidirá vender su cartera, cuyo efecto multiplicador provocará una supuesta bajada de las cotizaciones en los mercados.
¿Cuáles son las variables que pueden incidir en que aparezcan el riesgo y la incertidumbre? Aunque el primero se trata de un fenómeno multidimensional y está relacionado con factores de índole económico, las dos variables tienen en común su dependencia con las “verdades” y las “personas”.
La mejor forma de argumentar esta afirmación es consultando las hemerotecas especializadas para ver las noticias políticas y económicas de los últimos años. Si nos centramos en España, todos tenemos en la memoria la negación por parte de nuestro presidente del Gobierno de que esto de la crisis no iba con nosotros. También se insistió en la salud de nuestro sistema financiero —modelo a seguir por el resto de entidades financieras europeas—, pensando que mintiendo de forma insolente se calmarían los mercados y la preocupación de los ciudadanos.
Igualmente los test de estrés han sido un claro ejemplo del engaño promovido por parte de todos los gobernantes de la Unión Europea. En las pruebas de solvencia realizadas en julio se confirmaba que en más del 90% de casos analizados era evidente que podrían resistir un posible impago de la deuda griega. Con el transcurso de los días se ha demostrado que todo ha sido una comedia, ya que los bancos europeos podrían necesitar entre 150.000 y 300.000 millones de euros para sobrevivir a una crisis griega.
Conclusión: la mentira sistemática e irresponsable de nuestros políticos sólo agrava la desconfianza de los mercados y también de las personas.
Es evidente que detrás de todo esto se encuentra la segunda variable: las personas que ocupan lugares de responsabilidad en el ámbito de la política y la economía. Variable preocupante ya que no saben a dónde van, ni tampoco cómo resolver la situación, el peor escenario para los mercados. La volatilidad de éstos en los últimos meses deja claro un aspecto. Los gobiernos deben actuar con rigor y coherencia institucional.
Ni Nicolás Sarkozy ni Ángela Merkel salen indemnes de estas críticas. Si algo están demostrando los máximos dirigentes de Francia y Alemania, en estos momentos tan difíciles, es que no saben transmitir tranquilidad a los mercados.
* Profesor y director del máster en Dirección Financiera de EADA.