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¿Qué hacer con el Niño?

José Fernando Isaza
12 de septiembre de 2012 – 05:11 p. m.

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El aumento en la temperatura media superficial en el océano Pacífico se conoce como el fenómeno del Niño; trae efectos significativos en los regímenes de lluvia en Colombia. Antes del apagón de 1991, poca importancia le atribuían los administradores públicos a este hecho. Hoy se mira con preocupación su aparición.

Parecería que los períodos de recurrencia están disminuyendo. En el pasado se producían aproximadamente cada siete años, algunos explican el mito bíblico de siete años de abundancia seguidos por siete de escasez en una sucesión Niño – Niña. Parece existir una correlación entre la actividad solar y la aparición del Fenómeno del Niño. Los períodos parecen reducirse y las correlaciones debilitarse. Basta recordar que el ultimo Niño se produjo en el año 2009- 2010; en marzo de 2010 las reservas de los embalses del país se redujeron al 40% de su volumen útil.

Cuando se esperaba que el probable Niño 2012-2013 estuviera precedido de altas temperaturas en la zona andina y bajas precipitaciones, estamos viviendo una situación contraria. Bogotá esta recuperando su condición de tierra fría, sólo falta la reaparición de las gabardinas, no se ve tanta gente tapándose la boca con el pañuelo debido que las nuevas generaciones no usan esta prenda.

Lejos de disminuir la probabilidad del Niño, los expertos consideran que está aumentando. En el pasado mes de julio los modelos dinámicos pronosticaban que con un 65% de probabilidad se produciría un Niño a partir de octubre. En agosto la probabilidad de ocurrencia sube al 75%. El parámetro mas significativo para determinar la ocurrencia del fenómeno es el aumento de la temperatura de las aguas: si éste es superior a 0,5 grado Celsius, con probabilidad se da el fenómeno.

Es interesante mencionar el caso del sector eléctrico. La dolorosa experiencia de 1991 llevó a modificar la operación del sistema, se dieron señales económicas para la instalación de plantas de generación térmica que sirvieran como soporte en casos de mala hidrología y en caso de lluvias normales generan poco; la ecuación 75%-25% capacidad hidráulica vigente antes de 1991, se ha ido moviendo al 50%-50%. Los embalses están hoy en el 88% de su capacidad útil. Las lluvias muestran un crecimiento del 6% con respecto al promedio. Estamos ante un Niño extraño, precedido con mayores lluvias y menores temperaturas, no necesariamente hermafrodita puesto que las características anteriores corresponden a la Niña.

Pequeñas variaciones de temperatura en el océano, menos de medio grado Celsius, producen significativos cambios en el clima global, creando sequías o inundaciones según la dirección del cambio. Es un ejemplo de los fenómenos atmosféricos catastróficos que puede tener una pequeña elevación de la temperatura atmosférica causada por las emisiones de gases de invernadero a consecuencia de la actividad humana.

La proliferación de instrumentos financieros para reducir los riesgos de cambios en los precios de los insumos podría ofrecerles una cobertura a los compradores de energía, vendiéndoles posiciones largas de sardinas y anchovetas. El Niño sube las tarifas energéticas; a la vez reduce el contenido de oxígeno en el mar disminuyendo la pesca, por lo cual tiende a subir su precio. Esta cobertura sería un buen derivativo.

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