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La decisión de Benedicto XVI

Se dice que Benedicto XVI ha sido un papa solitario. Que se encerró en una torre de marfil para crear una protección entre él y el mundo cardenalicio hecho de componendas y complots.

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Se dice que Benedicto XVI ha sido un papa solitario. Que se encerró en una torre de marfil para crear una protección entre él y el mundo cardenalicio hecho de componendas y complots.

Se dice que algunos de los textos en latín y en alemán de este papa que ha decidido dejar su cargo por voluntad propia antes que la muerte decida por él, siguen en su despacho, en espera de un traductor por esa poca comunicación que reina entre él y los hombres del Vaticano.

Todo eso dicen ahora los medios de comunicación franceses al referirse a Benedicto XVI, lo repiten desde ayer, después de que el soberano pontífice anunciara en latín, un 11 de febrero, día de Nuestra Señora de Lourdes, patrona de los enfermos, que dejaba su cargo de máxima autoridad de la iglesia católica pues su poca fuerza y su salud no le permiten ejercer esa función de forma adecuada.

La prensa francesa se refiere a esta decisión como a una muestra de renovación y de modernismo de Benedicto XVI pero no parece muy sorprendida, el papa se veía cansado. No obstante la ha dado un tratamiento de noticia “extraordinaria”, – primera página y editorial en todos los periódicos – , pues como lo escriben, es una decisión que le incumbe a todo el planeta y que con toda seguridad marcará el futuro de la iglesia católica.

Nicolaus Demorandis, joven director de Libération llegó al punto de publicar en latín contemporáneo su editorial del martes, pero para desacralizar la figura del Papa : “De aliqua re Papa cogitat? “En que piensa el papa? » De aliqua re Papa cogital qui est cum vestibus tam insolitis et vehiculo proprie fabricato ut munera fungi posit et ultro homo Latinissimus attamen homo qui ita garrit ut novus ridicule sit? Nonne auro escario cenare solere et simul mundi miseriam humeris octogenariis octogenariis portare dicitur? ¿En qué piensa un papa enfudado en habitos estrafalarios y en un vehiculo construido para que pueda ejercer sus funciones, hablando perfectamente el latín pero abriendo una cuenta en Twitter para tratar de parecerse a su época? ¿Que come en vajilla de oro (en oro !) pero que lleva sobre sus hombros octogenarios toda la miseria del mundo?

Algunos editorialistas hablan de una dimisión, otros de renuncia pero todos coinciden en citar el contexto histórico en que se produce: En setecientos años ningún papa ha renunciado, el último que lo hizo fue Celestino V en 1294, un monje de orígen modesto que se vio propulsado al cargo pero que poco tiempo después confesó que sus responsabilidades sobrepasaban a sus capacidades, en un momento que fue particularmente difícil para la iglesia.

El tiempo de Benedicto XVI en el siglo XXI no sería peor que el de Celestino V en el XIII, quien tuvo que afrontar peleas con el Sacro Imperio Germánico, la caída de la ciudad de Acre en manos de mamelucos o las constantes derrotas de los monjes soldados a lo largo del “Mare Nostrum”.

La Croix, el único periódico católico francés de difusión nacional, ganador del premio al mejor periódico en el año 2006 por su independencia y sus ideas progresistas, lo cual le permite ser leído por clérigos y laicos, – La Croix se lee en conventos y en despachos de ministros, universidades y salas de redacción de otros periódicos-, reaccionó con palabras de consideración por Benedicto XVI : “ un fiel servidor “, “un hombre que se acaba de postrar con humildad ante Dios y los hombres”, “un Papa que concibe su pontificado no como un fin sino como un medio para difundir la caridad”.

Los que como el presidente François Hollande dijeron recibir con “profundo respeto hacia la figura del Papa la decisión de su retiro”, reconocen que Benedicto XVI se veía cansado, que debió afrontar un legado turbulento, que tuvo que hacerle frente a crísis profundas, como fueron las acusaciones contra sacerdotes por abusos sexuales en niños y jóvenes, o el asunto reciente de los documentos privados que subutilizó su mayordomo.

Entre los sacerdotes que diarios como La Croix solicitan ahora para comentar la dimisión de Benedicto XVI, se destaca Monseñor Jacques Gaillot, que fue obispo real de la comuna francesa de Evreux y que ahora lo es de Partenia, una diócesis imaginaria a la que lo envío el fallecido Juan Pablo II por haber cuestionado su silencio y su inacción frente a temas sociales de urgencia como la situación de inmigrantes sin papeles que viven en extrema pobreza o los sin domicilio fijo (SDF) cuyo número sigue creciendo en Europa. Las discrepancias eran en realidad más profundas. Monseñor Gaillot defendia una iglesia más participativa y abierta, Juan Pablo II intereses más políticos como aquel de querer borrar el comunismo de Europa del Este.

Monseñor Gaillot, que como Benedicto XVI aceptó en ese entonces retirarse con humildad de la vida pública pero que por su compromiso social ha vuelto a ella como un obispo errante que va por el mundo para defender causas humanitarias cuando se necesita de su palabra, saluda el coraje” del papa saliente pero recuerda que durante su pontificado se acentuó el conservadurismo de la iglesia católica.

“Haber dicho “me voy” es un acto de lucidez y de modernidad” dice Monseñor Gaillot, él mismo apreciado y respetado por los franceses. “En cuanto a lo que nos deja soy más reservado. Un papa debe ser menos monarca y más servidor. Debe abrirse a los problemas del mundo y escuchar a su base, los sacerdotes de parroquia”, añade el obispo de Partenia.

Benedicto XVI dejará de ser el Sumo Pontífice de la iglesia católica a 85 años el 28 de febrero a las 8 de la noche, hora de Italia. En ese mismo momento su nombre Benedicto XVI entrará a la historia mientras que el hombre intelectual retomará el suyo, Joseph Ratzinger, nacido en Alemania, ordenado sacerdote en 1951.

Ese jueves, Joseph Ratzinger dejará definitivamente la Santa Sede y se irá a descansar unos días a Castelgandolfo. Luego regresará a un convento que lo espera en el Vaticano, donde se entregará dicen a la lectura y a la escritura de textos de teología, mientras llega la hora de la dimisión final y definitiva.

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Por MHEscalante, colaboradora de Soyperiodista.com

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