“Para mí es más importante ser coherente que tener poder”: Carlos Fernando Galán

El exsenador de Cambio Radical y, hasta hace poco, uno de los jóvenes consentidos de Germán Vargas Lleras, está hoy por fuera del Congreso y de su partido. Explica por qué botó la curul y su colectividad. Habla también sobre diferencias pasadas con sus copartidarios, ética política, clientelismo tradicional y el “abismo” que lo separa de Álvaro Uribe y de César Gaviria.

“Mis diferencias no son con él (Iván Duque), sino con él como candidato de un grupo político cuya base fundamental es el uribismo”, dice Galán. / Gustavo Torrijos
“Mis diferencias no son con él (Iván Duque), sino con él como candidato de un grupo político cuya base fundamental es el uribismo”, dice Galán. / Gustavo Torrijos

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Usted renunció la semana pasada a su curul de senador y a su partido, Cambio Radical. ¿Cuáles hechos puntuales lo separaron de su colectividad y de su jefe político, Germán Vargas Lleras?

La bancada de Cambio Radical ha decidido avanzar hacia una alianza con el uribismo para la segunda vuelta. Para mí sería incoherente —con respecto a lo que dijimos en campaña y con los principios liberales que han guiado mi acción política— participar en esa alianza, que no es sólo para la segunda vuelta sino que significa el punto de partida de una nueva coalición de gobierno. El uribismo tiene posiciones muy distantes de las mías y, también, de las ideas liberales que inspiraron a un grupo de galanistas a crear Cambio Radical en 1998.

¿El aval a la procesada exgobernadora Oneida Pinto fue el hecho que marcó su primera gran ruptura con otros miembros de Cambio Radical, por ejemplo, con su compañero Rodrigo Lara?

La primera vez que tuve un debate con otros miembros del partido sobre el tema de los avales fue en 2011. Asumí la dirección del partido cuando ya se habían entregado centenares de avales a personas con serios cuestionamientos. Lo primero que hice fue revocar los de las personas que tenían pendientes investigaciones por graves delitos, entre ellos Kiko Gómez. Muchos revocados decidieron renunciar a su inscripción, pero otros iniciaron procesos ante el Consejo Nacional Electoral. Ese órgano les mantuvo la inscripción a pesar de nuestra revocatoria, Kiko Gómez entre ellos. Con Rodrigo Lara tuve diferencias en 2015, después del respaldo de los Char a Oneida Pinto. Cuando Pinto fue capturada y le preguntaron a Lara por ese aval, él dijo que le preguntaran al director anterior. Su reacción me extrañó y tuve que salir a recordarle que yo había renunciado a la dirección precisamente por no estar de acuerdo con la inscripción de Pinto.

Al tiempo que usted parecía ir perdiendo terreno en el partido lo iba ganando Lara: fue el presidente de la Cámara en momentos delicados para el Acuerdo de Paz e hizo lo suyo. ¿Lara, quien parece más dispuesto a acomodarse a la política tradicional, le arrebató posiciones y hasta el afecto de Vargas Lleras?

El que usted plantea puede ser un análisis de lo que ocurrió. Para mí es más importante ser coherente con los principios que me han guiado en la política que lograr un cargo de poder o tener cercanía con un líder.

Hay varios políticos jóvenes en edad pero viejos en ideologías o mañas. ¿Incluiría en este grupo a Lara y a los hijos de Horacio Serpa y César Gaviria, por poner unos ejemplos?

Sí. Un grupo de líderes jóvenes se ha dejado permear por prácticas políticas cuestionables que deberíamos estar dispuestos a superar. Hasta ahora, las personas que usted menciona no han demostrado querer romper con esas costumbres. Ojalá se atrevieran.

¿Por cuáles casos puntuales y con cuáles otros miembros de Cambio tuvo discusiones sobre el otorgamiento de avales?

Las discusiones se dieron alrededor de la actitud que deben asumir los partidos cuando una persona tiene cuestionamientos éticos. Algunos miembros de Cambio Radical consideraron que, mientras no hubiera decisiones judiciales, no se podía impedir que alguien fuera candidato. Yo creo que no hay que esperar: se trata de una posición política que los partidos deben tomar. Si hay dudas serias, no se debe respaldar esa candidatura. Por eso no estuve de acuerdo cuando los Char le dieron el aval a Oneida Pinto y salieron a hacerle campaña en 2015.

Ahora el grupo Char, dominante absoluto en Atlántico, repartió sus favores entre Vargas Lleras y Duque. ¿No cree que la cuestión ética no sólo toca los avales entregados sin ton ni son, sino, sobre todo, el oportunismo de los “dueños” de los votos que se trastean a tiempo para estar al lado del ganador?

Específicamente, no sé qué hicieron los Char en la primera vuelta, pero, en general, la clase política sí actuó y siempre actúa de manera oportunista y uniéndose al carro ganador.

Hoy, ¿las distancias políticas y éticas con su anterior partido constituyen un abismo que no se puede zanjar?

Si bien es cierto que muchos miembros de Cambio Radical han sido condenados (varios de los cuales fueron llevados por el presidente Uribe a las listas del partido en 2006), también hay que señalar que ha habido una discusión más abierta sobre esos temas en la colectividad. Otros partidos callan. Hoy sigo creyendo que fue una equivocación esperar las decisiones judiciales. El tiempo me ha dado la razón. La opinión pública todavía espera que los partidos apoyen a candidatos que cumplan estándares éticos mayores y que no sólo llenen los requisitos legales. Pero la distancia con Cambio Radical se convirtió en un abismo cuando la bancada decidió casarse con el uribismo. Debo señalar que Vargas Lleras aún no se ha pronunciado.

¿Cree que él no llegará allá? Yo no…

No quiero adelantarme a opinar sobre esa decisión puesto que han pasado dos semanas de la primera vuelta y él no se pronuncia. En 2010 apoyó, de manera clara y contundente, a Santos. Ahora no lo veo haciendo lo mismo con Duque.

¿Qué opinión tiene sobre Iván Duque? Finalmente es un político nuevo, casi recién llegado a la escena pública…

Por lo que vi de su trabajo en el Senado estos cuatro años, creo que es una persona inteligente, honesta y capaz. Mis diferencias no son con él, personalmente, sino con él como candidato de un grupo político cuya base fundamental es el uribismo.

¿Cree, como muchos analistas, que si Duque es el nuevo presidente, será prisionero del uribismo, de su jefe y de su entorno?

Me preocupa mucho que así sea. Si gana, espero que demuestre lo contrario.

Se ha calificado al Centro Democrático y a sus aliados, Alejandro Ordóñez y Viviane Morales, entre otros, de extremistas de derecha. Para usted, ¿todos ellos son los voceros de una sociedad hiperconservadora?

Sin lugar a dudas: eso es lo que representan.

Recientemente, usted tuvo un enfrentamiento verbal muy fuerte, en el Senado, con Álvaro Uribe. ¿Cuánto tiene que ver esa destemplada pelea a gritos con su actual rechazo a adherir a Duque?

Los gritos en ese episodio fueron por cuenta del senador Uribe. Yo lo único que hice fue presentar unas críticas sustentadas en un debate sobre el pago irrisorio de plusvalía al Estado, de los predios de la Zona Franca de Occidente. El episodio al que usted se refiere evidenció, una vez más, que a Uribe no le gusta el escrutinio público al que se debe someter cualquier persona que tiene poder político y funciones públicas. Él trata de amedrentar a los que se atreven a hacer preguntas y plantear cuestionamientos. Así actúa también frente a los medios de comunicación que le formulan preguntas serias. Pero mi diferencia con el proyecto político del uribismo va más allá. Como le decía en una respuesta anterior, no comparto sus posiciones sobre los derechos de las minorías ni sobre el respeto a la libre expresión de la oposición en una democracia.

¿Por qué hizo debate tan “caliente” y difícil en el Senado en momentos preelectorales y sabiendo que en ese tema, en particular, terminarían ventilándose los negocios de los hijos del senador Uribe? La pregunta no se refiere a la pertinencia del caso, pues es de claro interés público, sino al momento que escogió para hacerlo.

Llevo dos años investigando irregularidades en los cambios de uso de suelo en la sabana de Bogotá, y eso incluye la falta de pago o el pago irrisorio de la plusvalía. No hice el debate en 2017 porque no quería afectar decisiones judiciales que estaban a punto de tomarse en casos relacionados con denuncias hechas por mí. Y desde marzo, cuando se reiniciaron las sesiones del Congreso, pedí que se incluyera el debate en la agenda. Lo absurdo sería aplazarlo y callar ante presuntas irregularidades por el inicio de una etapa electoral.

Viendo las imágenes de ese día en el Senado (vea el video), impresiona la reacción tan agresiva del expresidente, a quien se le veía más impulsivo que nunca y casi dispuesto a pegarle, mientras era rodeado por los senadores de la bancada del expresidente. ¿Tuvo la impresión de que terminarían a golpes y de que usted estaba en desventaja numérica?

Uribe se alteró muchísimo y tal vez creyó que a punta de gritos me iba a amedrentar. Se equivocó porque continúo investigando esas irregularidades. Es evidente que quien acude a los gritos y pierde el control, como él lo perdió ese día, pierde la discusión.

¿Hubo algún momento en que se sintió rodeado y a punto de ser atacado en grupo o es pura impresión visual? Las imágenes impresionaban.

Desde luego, me sentí amenazado porque el uribismo, cuando se ve enfrentado a la verdad, reacciona en gavilla y lanzando calumnias y agresiones.

Ahora todos están llegando a la campaña de Duque como moscas a la comida. Sin embargo, la primera vuelta les ha dado un campanazo de advertencia a los políticos tradicionales con los millones de votantes a favor de Petro y de Fajardo. ¿Cree que está acercándose el fin del clientelismo y otras prácticas indeseables o no?

Creo que estamos ante el principio del fin del clientelismo, pero todavía falta mucho por hacer. Infortunadamente, una cosa son las elecciones para presidente o alcalde de Bogotá y otra cosa las de Congreso en las regiones o las de concejos y asambleas. No nos digamos mentiras: el clientelismo sigue vivo y tiene mucha fuerza. Pero, del otro lado, se nota que se están dando los primeros pasos en dirección a una democracia más auténtica y realmente representativa.

Se sabe que usted aspiraba a presentarse como candidato a la Alcaldía de Bogotá el año entrante. Y se infirió que, por ese motivo, no se presentaba de nuevo al Congreso. Ahora, sin partido que lo respalde, ¿se aplaza ese plan?

Cada día trae su afán. Por ahora voy a terminar la tesis de una maestría que hice en el Externado, relacionada con los temas de corrupción en los POT, y deseo terminar otra que estoy cursando en la Universidad de Nueva York. Sólo después de eso decidiré el camino que voy a tomar. Seguiré, eso sí, trabajando en política.

La siguiente pregunta es si el retiro, en la práctica, de su hermano Juan Manuel del Partido Liberal significa que hay un plan de ustedes dos para refundar el movimiento que impulsó su padre, el Nuevo Liberalismo.

La mayoría de los colombianos no se siente representada por la izquierda radical ni por la derecha del uribismo. Quiero trabajar para contribuir a que el centro del espectro se convierta en una alternativa real a los extremos, y ese debe ser un propósito de largo aliento: política transparente y moderna, y con pensamiento liberal de centro. Esa será mi apuesta y el barco para navegar puede ser el Nuevo Liberalismo, o cualquier otro movimiento que cumpla con los principios que inspiraron esa acción política, los cuales están completamente vigentes.

Juan Manuel ha dicho que se arrepiente de haberle entregado las banderas de su padre a César Gaviria. El resto de su familia (madre y su otro hermano), que fue tan cercana al expresidente liberal, ¿también cree que Gaviria los traicionó y, ante todo, que traicionó a Luis Carlos Galán?

En el momento histórico que usted relaciona, Gaviria salvó un objetivo de mi padre: el de la consulta popular para escoger candidato presidencial. Fue un avance de y para la democracia. También contribuyó a que muchos de los planteamientos del Nuevo Liberalismo se incluyeran en la Constitución de 1991. Por eso llama la atención que ahora hubiera contribuido a menoscabar la consulta como mecanismo idóneo para profundizar la democracia y que se haya aliado con quienes han querido deshacer muchos de los logros, en materia de derechos, que se incluyeron en la nueva Carta. Creo que el Gaviria de hoy está defraudando al Gaviria de finales de los años 80 y principios de los años 90.

Pero no me ha contestado: ¿defraudó también al país liberal y a la familia de Luis Carlos Galán?

Sí.

Para concluir, ¿cuál es su opinión sobre Juan Manuel Santos y su gobierno?

Santos consiguió éxitos que la historia le reconocerá, como el Acuerdo de Paz y el ingreso de Colombia a la OCDE, por poner dos ejemplos. Pero también es cierto que cometió errores caros, como depender de la clase política, fallar en comunicarse con la opinión pública para explicar la importancia de la paz y en que su gobierno enseñara cómo transitar hacia ella.

“No puedo estar en una corriente de talante conservador”

Hace tiempo se le veía incómodo con Cambio Radical ¿Su decisión demoró más de la cuenta? ¿Ha debido renunciar antes?

He tenido diferencias con sectores del partido sobre el otorgamiento de avales a personas con cuestionamientos éticos que me llevaron a renunciar a la dirección de la colectividad, en mayo de 2015, cuando los dirigentes de Cambio Radical, en la costa Atlántica, decidieron darle  el aval a Oneida Pinto para la Gobernación de la Guajira. Sin embargo, por estar convencido de que los partidos son fundamentales para la democracia y de que hay que trabajar para depurarlos desde su interior, decidí continuar en Cambio. No significa que me haya quedado callado: denuncié a otros miembros del partido, critiqué la manera como se estaban conformando las listas regionales para las elecciones de 2017 y decliné la propuesta de encabezar la lista al Senado en 2018. Lo que enfrentamos ahora es distinto porque no se trata de un aval sino de conformar una alianza nacional con el uribismo, una corriente de talante conservador que tiene una visión lejana de la mía en lo relativo a los derechos de las minorías en la democracia, al respeto por la oposición, al reconocimiento del rol de los medios de vigilar el poder, entre otros temas. Por tanto, no puedo estar ahí.

“Germán Vargas Lleras se equivocó”

Su jefe político desde el inicio de su carrera, ha sido Germán Vargas Lleras ¿cómo es su relación con él, ahora, cuando renunció a la curul y al partido?  

Con Germán Vargas Lleras me une una amistad cercana desde cuando él inicio su carrera política al lado de mi padre, a mediados de los años 80. Vargas Lleras dio peleas solitarias y valientes en los años 90 para restablecer la extradición y para aprobar la ley de extinción de dominio. Recientemente, en su paso por el Ejecutivo, demostró capacidad de ejecución al entregar resultados sin precedentes: más de 6 millones de personas accedieron a agua potable por primera vez y más de 300 mil familias adquirieron vivienda. Aunque Vargas les quitó a los políticos el manejo del presupuesto de vivienda y acueductos, se equivocó al recibir el respaldo de esos grupos, algunos de los cuales tenían muchos cuestionamientos. Se lo advertí y, estoy convencido, de que ese factor afectó su candidatura. Yo creo que hoy, él es consciente de ello. Lo respeto y pienso que después de los errores cometidos y de las lecciones aprendidas en esta campaña, podrá aportarle mucho al país.

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