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Según el Financial Times, la deuda italiana es de 2,6 billones de dólares, alrededor de 130% del PIB italiano, mayor que las de Grecia, Irlanda, Portugal y España juntas. El miércoles 9 de noviembre, el rendimiento de los bonos italianos a 10 años llegó a 7,45%, una tasa que sugiere que esa deuda es insostenible. Los rescates financieros de Grecia, Portugal e Irlanda se dieron poco después de que sus bonos superaran la tasa de 7%.
El fin de Berlusconi
Tarde o temprano una crisis económica se convierte en crisis política. El martes 8 de noviembre el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, llevó a votación en la Cámara Baja la rendición de cuentas fiscales de 2010 y obtuvo 308 votos, por debajo de la mayoría de 316. Con ello su gobierno se hizo inviable.
Ante el hecho, Berlusconi anunció su renuncia. Será efectiva luego de que el Parlamento apruebe el plan de austeridad exigido por las autoridades europeas. Por su parte, el presidente Giorgio Napolitano inició las consultas para designar a un sucesor hasta las nuevas elecciones, probablemente en febrero de 2012.
La pérdida de la mayoría refleja el hartazgo de los italianos y de la Iglesia Católica con los escándalos de Berlusconi, agravado por la crisis económica. A pesar de su participación militante, en mayo pasado perdió las elecciones locales: en Milán la oposición obtuvo 55,1% de los votos, en Nápoles 65,4%; y en junio perdió abrumadoramente un referéndum que preguntaba, entre otras, si debía derogarse el “legítimo impedimento” que lo protegía de comparecer en audiencia penal.
El 29 de octubre de 2010 la Conferencia Episcopal había declarado: “Estamos convencidos de que Italia y los italianos esperan de quien se sienta en el vértice de las instituciones del Estado, la demostración de sentirse investido de deberes urgentes, más allá de un indudable y legítimo poder. Los mínimos son sobriedad personal y respeto decoroso de aquello que representa. Y se refieren tanto al lenguaje como al estilo de vida”.
La realidad económica
Para rescatar a Italia se requeriría US$1 billón. Pero el Fondo Europeo cuenta sólo con US$340 mil millones. Si el rescate fracasa, Italia, uno de los fundadores, saldría de la Eurozona… y Europa y el mundo temblarían.
Italia es la octava economía del mundo. Según el Banco Mundial, en 2010 el ingreso per cápita italiano (a paridad de compra a precios de 2005) era US$26.753, que se redujo frente al de 2000, que era US$27.713. Tal es el resultado de un crecimiento promedio de la economía de 0,3% entre 2000 y 2010 mientras el de la Eurozona fue 1,1% y 1,3% el de la Unión Europea.
En ese contexto, cuando se produjo la Gran Recesión 2008-2009, con la caída del ingreso mundial gran parte de la economía italiana, dependiente del turismo, particularmente en el sur, terminó de paralizarse: el 29 de octubre de 2010 la presidenta de Confindustria señalaba que “el país es víctima de la parálisis y no existe iniciativa por parte del gobierno, en un momento muy difícil de la economía”. Como consecuencia, el déficit fiscal se disparó y la deuda creció a niveles inmanejables: pasó de 112,5% del PIB en 2007 al 130% actual.
Las causas
En lugar de gobernar, promover el crecimiento y realizar las reformas que se requerían —pensiones, laboral, en las profesiones, privatizaciones de activos estatales y servicios públicos, reordenamiento fiscal, que el plan de austeridad incluye ahora—, el gobierno de Berlusconi dedicó gran parte de su energía y tiempo a defenderlo de sus múltiples problemas judiciales.
Descuidó también la productividad y la competitividad de las empresas italianas. Según la OECD, entre 1985 y 2008, mientras en Italia la contribución del crecimiento de la productividad total al crecimiento del PIB fue de 0,22%, en Alemania y Francia fue de 1,07% y 1,16%, respectivamente. La baja inversión que Italia hace en investigación y desarrollo lo explica en gran medida: en 2008 invirtió 1,18% del PIB; Alemania invirtió 2,53% y Francia 2,04%.
Más aún, desprestigió a Italia internacionalmente y, consecuentemente, a sus empresas y empresarios. Un cable del embajador estadounidense en Italia, filtrado por Wikileaks, lo explica claramente: “Berlusconi ha hecho de Italia objeto de irrisión… Sus frecuentes disparates y la mala elección de sus palabras han ofendido prácticamente a toda clase de ciudadanos italianos y a muchos líderes europeos… Ha perjudicado la imagen del país en Europa y ha puesto en ridículo su reputación en muchos sectores del gobierno americano… Se ha convertido en el símbolo de la incapacidad y la ineficacia de los gobiernos italianos para resolver los problemas crónicos del país…”.
Los gobiernos italianos de la posguerra
No fue siempre así. Los políticos italianos que gobernaron Italia entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y principios de los años noventa, la llamada Primera República, eran respetados y visionarios. Realizaron la recuperación de la posguerra, la reconstrucción de la infraestructura, la modernización industrial, de la banca y los servicios, el renacimiento de las artes y el turismo; en suma, el “milagro económico italiano”. Según el Banco Mundial, entre 1960 y 1990 el PIB per cápita italiano pasó de US$804 a US$19.983 (aumentó 24,8 veces). En el mismo período, Francia pasó de US$1.344 a US$21.382 (15,9 veces) y Estados Unidos de US$2.881 a US$23.054 (8 veces).
Pero tanto poder condujo a los últimos de esos gobernantes a sobrepasar los límites legales y socialmente aceptables. Y el gigantesco escándalo de corrupción en que terminó Tangetopoli (ciudad de los sobornos), que involucraba sobornos y cohechos en las compras y obras públicas, derrumbó a la Primera República entre 1992 y 1994.
El consecuente vacío político permitió la emergencia de nuevas figuras, particularmente de quienes reclamaban la reducción del Estado. Entre ellas estaba Berlusconi, quien formó una coalición de derechas y al triunfar en las elecciones de abril de 1994 se convirtió en primer ministro, inaugurando la Segunda República. En enero de 1995 una acusación por fraude hizo colapsar su gobierno. Volvió al poder entre junio de 2001 y mayo de 2006. Su tercer período se inició en mayo de 2008. Acaba de terminar y con él, seguramente, la Segunda República.
Las acciones políticas de Berlusconi fueron siempre apoyadas por su poder mediático, que en gran medida explica su éxito. Según Forbes, en 2010 la fortuna de Berlusconi era de 9.000 millones de dólares. Con ello controla un periódico y las tres más grandes televisoras privadas, y a través de sus nombramientos, los tres canales públicos de televisión; casi la totalidad de la televisión italiana. Lamentablemente, en Italia no existen normas que obliguen a separar los intereses empresariales de los políticos, ni una legislación antimonopolio que impida la concentración en la propiedad de los medios.
Epílogo
El exceso y el abuso del poder conducen a su destrucción. En el caso italiano la dolce vita se acabó. Sus excesos arrastraron al país a una situación económica gravísima. Italia estará mejor cuando Berlusconi y lo que construyó desaparezcan. No obstante, dados el des-manejo de tantos años y la insegura recuperación mundial, es probable que la recuperación italiana tome mucho tiempo.
Ph.D. Profesor, Pontificia Universidad Javeriana.