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Entender a los republicanos

Daniel Pacheco
03 de septiembre de 2012 – 05:33 p. m.

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Entender a los republicanos de EE.UU. no es fácil. No caricaturizarlos es aún más difícil.

El partido de los hombres blancos, calvos y gordos radicales que se sienten amenazados por todo el mundo y guardan una AK-47 en el clóset, es tanto una descripción más o menos fiel a la realidad, como la puerta para cerrarle el paso a cualquier significado interesante en el debate electoral gringo de este año.

Janet Daley, una columnista británica del Telegraph de Inglaterra, con una clara inclinación de derecha, vio por televisión lo que yo no logré entender estando en la convención republicana de Tampa. De ese evento de tres días, que para mí fue la repetidera de un guión delirante de austeridad fiscal, nostalgia WASP y una insoportable humedad de Florida, Daley extrae el inicio “del debate electoral más importante de la década” para los países occidentales.

Su hipótesis es provocadora y saca de EE.UU. el debate entre Romney vs. Obama. De hecho, hace irrelevante que el debate sea entre Romney y Obama. “Está en juego”, dice Daley, “la premisa fundamental de la política de centro” (la famosa tercera vía). “Que podemos tener una economía libre de mercado y un Estado democrático de bienestar al mismo tiempo”.

Esta afirmación podría fácilmente ser tachada de tremendista si no fuera por el contexto de precrisis mundial en el que se escribe. EE.UU. tiene una deuda cercana al 100% de su PIB y, cuatro años después de haber lanzado el estímulo económico más abultado de la historia, la cosa todavía no levanta. Los programas sociales, incluso en el país desarrollado menos garantista, tiene quebrada a la economía más grande del planeta. Sin embargo, los demócratas, en defensa de los desprotegidos, se niegan a siquiera pensar seriamente en recortarlos.

Del otro lado del Atlántico el experimento de integración económica y bienestar social más grande de la historia lucha por no hacerse añicos. Los bancos centrales han utilizado el sopor veraniego del hemisferio norte para aguantar los gritos de auxilio de los inversionistas, que piden nuevos rescates, que piden que se prendan las impresoras de moneda. Pero una acción, con septiembre encima, es inaplazable.

En noviembre, como insistieron los republicanos en Tampa, la decisión que deben tomar los votantes es acerca de la supervivencia de los fundamentos de EE.UU.: una sociedad donde prima el esfuerzo individual (y bueno, toda su retahíla conservadora religiosa). Con una pésima campaña, un discurso radicalizado, los demócratas aparentemente tienen lo que se necesita para encasillarlos en la caricatura y ganar las elecciones.

Sin embargo, diría Daley, cuando la economía reviente, cuando las ondas del quiebre de la Unión Europea crucen el mar con un tsunami de doble recesión sobre las costas de Wall Street, cuando ningún rescate de la reserva federal mueva la aguja del crecimiento, entonces, vamos a ser nosotros, los que nunca nos tomamos en serio los excesos de las promesas de bienestar, los hazmerreír de los hombres gordos, calvos y con su AK-47 fuera del clóset.

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