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Los mejores embajadores

Columnista invitado EE
02 de septiembre de 2012 – 06:00 p. m.

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Con los resultados de nuestros atletas en este 2012, el buen nombre de Colombia alcanza una dimensión que supera la alcanzada por otros embajadores en campos como la literatura, la ciencia y el arte.

Y esto se logra, con el perdón de grandes colombianos como Gabriel García Márquez, Manuel Elkin Patarroyo y Shakira, entre otros, por el valor que tiene el deporte como generador de hombres nuevos para mejores sociedades, por su carácter popular y por su divulgación masiva a través de los medios de comunicación, que le permite llegar y ser aceptado por todos, con su lenguaje universal.

Ya nadie menciona nombres de ingrata recordación para el país y el mundo, como ocurría hace algunos años, para hacer referencia a Colombia. Hoy, los mejores embajadores son los atletas, que portan con orgullo el uniforme y se baten ante los mejores, en los más difíciles escenarios del mundo.

En Londres, antes de los Olímpicos, la gente del común nos saludaba en cualquier lugar con nombres como Andrés Escobar, ‘El Pibe’ Valderrama, René Higuita, ‘El Tino’ Asprilla o ‘Cochise’ Rodríguez, mientras levantaban su índice derecho. Durante los Juegos, en la medida en que nuestros atletas ganaban medallas, se repetía la operación con cada uno de estos campeones. Después, el mundo siguió identificando a Colombia con los nombres de los medallistas olímpicos y de otros deportistas que se destacan en el exterior, como Falcao, la superestrella del fútbol mundial, con el Atlético de Madrid.

Cómo no llenarnos de orgullo al ver a Falcao durante la celebración del título de la Eurocopa ante millones de televidentes de todo el mundo, envuelto en la bandera nacional. Cómo no sentir la piel erizada cuando un comentarista dijo al aire “soy español, pero quisiera volverme colombiano”. Cómo no emocionarnos cuando la gente busca a los medallistas olímpicos y atletas destacados para pedirles un autógrafo, tomarse una foto o, simplemente, verlos.

El viernes llegó al COC un niño de 12 años, entró a la oficina de comunicaciones y preguntó: “Señores, me gusta el ciclismo y lo quiero practicar. ¿Cómo hago para que me lleven a los Olímpicos?”. Desde luego, todos quedamos conmovidos, le dimos las instrucciones y le deseamos el feliz cumplimiento de su sueño, que lo convertiría en un nuevo embajador deportivo. Ese niño, con seguridad, algún día descubrirá que el deporte no es sólo músculo, ni únicamente éxito, ni apenas entretenimiento. Es, como lo dijo María Isabel Urrutia, “una forma de vida”.

Es indiscutible: el deporte es la más sofisticada forma de vida del mundo contemporáneo y, además, una alternativa social para alcanzar la superación personal y de la familia. ¡Que vivan los embajadores deportivos de Colombia ante el mundo!

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