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La elección de los cuatro países que desde el inicio van a estar presentes en los diálogos de paz de la administración Santos con las Farc responden a unas particularidades que invitan a pensar en el acierto de su elección.
Noruega, que será donde se formalice la mesa de conversaciones, es un país con una larga tradición y experiencia en la resolución de conflictos, como demuestra su labor mediadora en los conflictos tribales de Sri Lanka, Ruanda y Congo; su protagonismo en los Acuerdos de Oslo entre Israel y Palestina; o más recientemente, su presencia en las negociaciones de paz con la banda terrorista ETA. Además estuvo presente en el Caguán y transfiere proyección internacional al diálogo, al tratarse por el momento del único actor no latinoamericano.
Cuba está llamada a ser la sede permanente del diálogo de paz. Más allá de su proximidad con la causa guerrillera, plantea facilidades logísticas y de acceso para las Farc difícilmente equiparables en el mundo. Al igual que Noruega, tiene experiencia en el caso colombiano, pues ya albergó en otras ocasiones encuentros para la paz, y el gobierno castrista siempre ha sido un firme defensor de la necesidad de buscar salidas negociadas al conflicto. De prosperar ello, además se fortalecería su imagen en buena parte de la comunidad internacional.
Venezuela, como Cuba, inspira confianza a las Farc dada una cierta afinidad ideológica, si bien, restauradas las relaciones con el gobierno de Santos, puede suponer un punto de encuentro trascendental. Su intermediación en algunos procesos de liberación, así como la nueva política de cooperación en seguridad llevada a cabo desde el otoño de 2010, puede hacer de Caracas un protagonista clave para reducir tensiones y salvaguardar intereses comunes.
Chile, pese a su falta de experiencia en este tipo de diálogos, presentaría una mayor proximidad con el gobierno colombiano, lo que equilibraría el eje de fuerzas de la negociación. La amistad personal que une a Santos con el mandatario chileno, Sebastián Piñera, es razón de más para entender su presencia en el proceso.
La labor de estos cuatro países será fundamental en lo que se refiere a contactos con las partes, obtención de confianza, identificación de intereses o favorecimiento del entendimiento. Asimismo, deberán enfatizar los puntos de encuentro, mantener el proceso centrado en sus asuntos más relevantes y contribuir con sugerencias y propuestas sustantivas. Buena parte de cómo prospere la negociación para la paz dependerá, ab initio, de estos cuatro países, que en principio representan una apuesta seria y equilibrada con la cual aspirar a conseguir la paz en Colombia.