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Tragedia griega

Pleno de sorpresas, el drama económico griego se desarrolla. Papandréu renunció ayer.

César Ferrari
06 de noviembre de 2011 – 01:15 p. m.

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Sin ayuda externa, Grecia (2% del PIB europeo) no pagaría sus obligaciones, lo que afectaría gravemente a casi todo su sistema bancario y, principalmente, a grandes bancos alemanes, franceses, ingleses y estadounidenses.

Deudas y riesgos

Según el Banco Internacional de Pagos, a junio de 2011 la deuda griega era de 141,8 mil millones de euros; según el FMI, en 2012 representará 166% del PIB griego. A esa fecha, la banca francesa tenía una exposición por 46,7 mil millones de euros, la alemana por 18,6 mil millones, la del Reino Unido por 12,2 mil millones y la estadounidense por 35,2 mil millones, aunque gran parte de esta última en forma indirecta.

Si los bancos quiebran, Europa, sin financiamiento, tendría una recesión gravísima y prolongada. Con ella, la Unión Europea, la Eurozona, la política monetaria común y el euro se debilitarían fuertemente, algunos países saldrían de la Eurozona, se reducirían las transacciones y el comercio entre sus miembros… y todo el mundo sufriría.

La ayuda

Para la canciller alemana y el presidente francés la disyuntiva era: ayudar a los griegos para salvar a los bancos alemanes y franceses, provocando la ira de sus electores por ayudar a “irresponsables”, o abandonar a Grecia, forzar su salida de la Eurozona y ayudar a los bancos directamente, a un costo mayor, provocando una ira similar por ayudar a “inescrupulosos”.

Sin alternativa, en mayo del 2010 los gobiernos europeos, encabezados por Alemania y Francia, se comprometieron a “salvar” a Grecia con 110 mil millones de euros; el Fondo Monetario Internacional adicionó 30 mil millones. Simultáneamente crearon un fondo de rescate, ahora de un millón de millones de euros, para “salvar” a España, Portugal, Irlanda e Italia si fuera necesario. En octubre de 2011, tras arduas negociaciones, lograron que los bancos redujeran “voluntariamente” la deuda griega en 50%.

Ajustes

La ayuda financiera está condicionada a que Grecia y los otros países adopten duros ajustes fiscales que incluyen aumento de impuestos, reducción de salarios y pensiones y menores gastos públicos. Todo ello implica reducir el bienestar de las personas. El Fondo Monetario Internacional está encargado de supervisar.

Los ajustes se están realizando y, por supuesto, han provocado graves disturbios. Han generado también una caída de la demanda agregada y con ello una mayor recesión que se ha traducido en menor recaudación fiscal y un aumento del déficit, alejando el ansiado equilibrio fiscal. Se ha generado así una gran incertidumbre y las bolsas europeas y mundiales han caído durante varias semanas.

Las protestas indujeron a los gobernantes griegos a postergar la aplicación plena de las medidas de austeridad, lo que produjo retrasos en los desembolsos. El sexto tramo del rescate griego, de 8 mil millones de euros, fue aprobado recién el 21 de octubre pasado; se desembolsaría a mediados de noviembre.

¡Sorpresa!

Inesperadamente, el 1º de noviembre el primer ministro griego anunció que sometería el acuerdo de rescate a un referendo. La iniciativa despertó la ira de alemanes y franceses, porque había sido tomada sin consulta y produciría mayor incertidumbre. Tal vez, más importante, si el resultado era negativo Grecia tendría que salir de la Eurozona y alemanes y franceses tendrían que asumir la totalidad del rescate de sus bancos. Por tal razón, bloquearon los 8 mil millones. A las pocas horas, la presión externa, más un compromiso de la oposición de apoyar el rescate, hicieron que la propuesta fuera retirada.

Solución autónoma

Si Grecia saliera de la Eurozona su solución, seguramente, sería a la Argentina: un default ya no del 50 sino del 80% y una devaluación de la nueva moneda de 300 o 400%. Eso produciría una elevación de precios y una reducción del salario real de una enorme magnitud. Pero con mayor competitividad cambiaria podría esperar una recuperación notable del turismo, su casi única actividad económica, y con ello tasas elevadas de crecimiento, como en la Argentina postcrisis.

Las causas de la crisis

¿Por qué Grecia está en estas? La Gran Recesión mundial de 2008-2009 es sin duda el origen. Se inició en Estados Unidos por graves errores económicos que datan del gobierno neoconservador de Ronald Reagan. Se trasladó a Europa y al resto del mundo por vía financiera, menores flujos de comercio y caída de los precios de las commodities. Los menores ingresos mundiales derrumbaron el turismo, y siendo éste el principal ingreso griego y de los países mediterráneos, les significaron menos ventas, producción, empleos, salarios y utilidades. Consecuentemente cayó la recaudación tributaria y como el gasto fiscal fue aumentado para evitar una recesión mayor, el déficit y el endeudamiento alcanzaron niveles insospechados.

La crisis ha evidenciado varias cuestiones. La primera, lo inadecuado de una política monetaria cautelosa en medio de la Gran Recesión. La situación actual es consecuencia, en gran medida, de la timidez del Banco Central Europeo para desarrollar una política monetaria más expansiva que permitiera la recuperación acelerada de la liquidez y el ingreso de los europeos. En medio de semejante situación, apenas hace unos días redujo su tasa de interés.

Hizo también explícitas las dificultades de una unión monetaria entre países con productividades diferentes. Esa disparidad era compensada mediante monedas y tasas de cambio diversas, y ayudas comunitarias. El euro las sustituyó por una paridad común frente al resto del mundo y las ayudas se diluyeron. Pero como esa paridad es determinada por los países con mayores exportaciones y mayor productividad, Alemania y Francia, los otros países, Grecia, Portugal, España, Italia, acabaron con un cambio común no competitivo.

El euro congeló también la estructura productiva: Alemania y Francia, en bienes manufacturados de alto valor agregado; Grecia, España, Portugal, Irlanda, en menor grado. Italia, con mayor tradición manufacturera, en turismo con poco valor agregado.

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Solución dentro de la Eurozona

De tal modo, si el ingreso mundial no se recupera o la productividad de griegos o españoles no converge con la de alemanes y franceses, no existe forma de que recuperen el ingreso. En ese contexto, ajustes y ayudas financieras son insuficientes para recobrar esas economías. Necesitan crecimiento.

De otro lado, con una tasa de cambio común sólo podrán conseguir aumentar sus productividades si las construyen como antaño: vía fondos europeos comunitarios financiados por los países ricos del norte, y migración sur-norte para ofrecer mano de obra barata en el Norte y menor presión laboral en el Sur. Mejor dicho más cooperación y menos préstamos. Es decir, la crisis podría ser larga.

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