Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Muy osado el presidente Santos. Jugársela a fondo con su propuesta de llegar a un acuerdo negociado con los terroristas de las Farc —quienes últimamente han cobrado una beligerancia inusitada que les ha hecho verse más fuertes y beligerantes—, es una apuesta en la que está arriesgando su credibilidad y prestigio.
Y él lo sabe: no va a ser fácil que prosperen estas intenciones porque todo apunta a que se repita la eterna historia en la que el Estado, de la mejor buena fe, propone o acepta sentarse con la guerrilla y ésta lo deja plantado o aprovecha la bajada de temperatura para recargarse, tomar un nuevo aire y fortalecer sus distintos frentes. Esa —repito— ha sido la constante y presidente tras presidente han padecido esa tomadura de pelo.
El país está ligeramente optimista de labios para afuera. Son pocos los que quieren posar de aguafiestas, máxime cuando la guerrilla continúa matando, secuestrando, dejando sin agua y luz municipios enteros. O sea que si se sienta, lo hará, no debilitada como debería ser, sino con unos aires de grandeza para nada convenientes.
Qué tal que me suene la flauta, se oyó decir al presidente en la clausura del congreso de los hoteleros, y ojalá así sea. Pero, ¿y si no? El precio es alto y el riesgo demasiado. Confiar en la buena fe de este grupo insurgente es un albur y un riesgo que podría echar al traste la seguridad y la dignidad nacional. Por ello, Santos debe tener un as bajo la manga, máxime cuando los ojos incrédulos de muchos colombianos piensan que se trata de una jugada política con fines reeleccionistas.
Confiemos en su habilidad de jugador de póquer porque las condiciones no son las mejores y la intermediación de países como Venezuela y Cuba —reconocidos auxiliadores de la narcoguerrilla— no es garantía de un equilibrio que permita transitar por un buen camino. Además, ¿qué hace Chávez metido en las entrañas de nuestros problemas? Ya una vez se creyó con autoridad para llamar a los militares colombianos y ahora no sabemos con qué perla vaya a salir.
¿La paz a cualquier precio? Es una pregunta que ojalá tenga una respuesta que beneficie realmente a nuestro país.