Publicidad

No todo es guerrilla

Uriel Ortiz Soto
29 de agosto de 2012 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Ante los asomos de un nuevo proceso de paz, es conveniente fijar posiciones claras de lo que viene sucediendo desde hace algún tiempo al interior de las Instituciones Armadas, y los grupos subversivos.

Sobre las acciones de parte y parte algunas veces quedan muchas dudas que finalmente se convierten en falsos positivos.

Como consecuencia de lo anterior, es claro advertir, que un proceso de paz serio y armonizado como lo propone el Presidente Santos, tiene muchos enemigos agazapados dentro del mismo Gobierno, y la empresa privada. Todos sabemos que el narcotráfico es el cerebro que financia y fortalece la subversión, y la delincuencia común organizada, que aunque no se ha desenmascarado, es un detonante de reserva a su favor y grave obstáculo para el proceso paz que con urgencia necesitamos.

Si queremos un dialogo sincero y verdadero que conduzca a la paz, se hace indispensable crear cuatro escenarios: los grupos armados o narco guerrilleros; los narco paramilitares, el escenario de Justicia, Paz y Reparación, y el proceso de Restitución de Tierras. Es cadena de cuatro eslabones, no se puede prescindir de ninguno, porque cada uno es la consecuencia del otro. Con el rompimiento de uno de ellos, el proceso de paz vuela en mil pedazos.

Hay que aceptar que el País está asistiendo a la peor vergüenza internacional. Con algunas excepciones, todas las instituciones del Estado se encuentran permeadas por la corrupción. Lamentablemente la peor parte la están llevando las Fuerzas Armadas. Desde soldados y policías, hasta generales de la República se encuentran comprometidos en irregularidades de servicio, siendo de mayor prevalencia los falsos positivos, y la corrupción. El caso del General (R) Santoyo de la Policía, y la reciente condena del llamado “Pacificador, del Urabá, Antioqueño”, General, Rito Alejo del Rio, del Ejército, lo están demostrando.

Las cárceles y guarniciones militares se encuentran atestadas de uniformados presos, esperando ser condenados ante la vergüenza y frustración de sus superiores y la sociedad que no alcanza a asimilar la magnitud de semejante tragedia. Pero, lo más grave, son las miles de demandas que cursan contra el Estado por estos hechos, que se han convertido en el peor desangre del Presupuesto Nacional. Son cientos los ciudadanos, especialmente campesinos que han muerto en falsos combates al ser canjeados por guerrilleros, simple y llanamente para tener el cinismo de lograr una licencia, asenso o cobrar una recompensa.

De acuerdo a investigaciones adelantadas por respetables organizaciones internacionales, no todas las acciones subversivas contra la población civil y la Fuerza Pública, provienen de los grupos alzados en armas. En estas escaladas criminales se están camuflando desde hace tiempo todo tipo de delincuencia, y para peor desgracia, con la anuencia de ciertos elementos indeseables de la Fuerza Pública, y funcionarios del alto Gobierno.

Con todos los escándalos que se están sucediendo simple y llanamente por el abuso del poder de las armas, es urgente que el Gobierno con el Señor Ministro de Defensa a la cabeza, inicien un proceso de revisión de todas las normas de tipo administrativo y de orden público, que deben regular con mucha precisión hasta donde un miembro de institución armada, por sus acciones profesionales y de valor en combate, se hace acreedor a los reconocimientos preestablecidos.

Considero desde mi óptica de Comunidad y Desarrollo, que las organizaciones guerrilleras han perdido su razón de ser como ejércitos de lucha revolucionaria, la situación es muy sencilla: sus principales ideólogos fueron capturados y encarcelados, otros dados de baja, y los que quedan, se encuentran refugiados en el exterior, no se atreven regresar al País, puesto que son cobardes, han abandonado sus tropas dejándolas en manos de los mandos medios sin ningún cronograma de acción, motivo por el cual, se han convertido en grupos de maleantes: extorsionistas y atracadores, que actúan sin ningún código de disciplina y orden jerárquico.

Por lo tanto, no es válido seguirlos combatiendo como institución guerrillera, puesto que su concepción ideológica ha caído en los brazos del narcotráfico, han abandonado sus ideales filosóficos y altruistas de todo buen revolucionario. Por eso, Es conveniente examinar el estado actual en que se encuentran, con el fin de tomar posiciones claras sobre su diario accionar; de esta forma, sería más fácil desenmascararlos cuando se camuflan con mayor frecuencia en las áreas urbanas para cometer todo tipo de actos criminales.

Es prudente que nuestras Fuerzas Armadas, que en los últimos años ha sufrido significativo número de bajas, – con el repudio y sentimiento de los Colombianos-, evaluaran cada una de estas acciones narco guerrilleras, puesto que su forma de actuar no corresponde a un grupo subversivo con pretensiones de poder, sino, más bien, a la de delincuentes comunes que se han asociado, para cometer todo tipo de barbaridades contra la población Civil y las Instituciones del Estado.

urielos@telmex.net.co 

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido