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En el origen estaba la voz, después la pintura, la fotografía, la radio, la televisión y, ahora, Internet. Pervive la voz, está en nuestros genes, seguimos contando y cantando. Antes de la televisión estuvo la radio y ella nos formó para imaginar los partidos de fútbol que se narraban como pintura. Hubo una época en la que los mundiales de fútbol eran universalmente narrados a través de ese enigmático aparato que fabricaban de todos los tamaños y colores. La televisión llegó en el Mundial de Suiza, en 1954, pero únicamente para ocho países europeos.
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¿Para qué sirven estos y otros datos? Para lo que sirve el apéndice en los seres humanos, es decir, para nada si el objetivo último es tener el dato por el dato. Pero si al dato se le acompaña de un ser humano entonces hay historia, narrativa y anécdota. Si recordamos que el primer gol en el Mundial de 1930 lo hizo Lucien Laurent en el partido entre Francia y México, nos quedamos con la sensación de que es un dato y ya, pero si al dato se le añade que, además, hizo parte del ejército francés, en la Segunda Guerra Mundial, y fue prisionero de guerra por los alemanes y liberado tres años después, entonces el dato se humaniza porque se narra. Su hijo no recordaba que su papá había sido el autor del primer gol porque no se consideraba un dato trascendente.
Laurent se acordó de la travesía que tuvieron que hacer por el Atlántico, en 1930, que partió de Villefranche-sur-Mer hasta Uruguay y duró quince días de ida y quince de regreso. Un dato, un ser humano, una historia que no se ha vuelto literatura, pero que es el punto de partida para aludir al mundo mágico del mito que no ha dejado de narrarse: el fútbol se juega y se cuenta porque habita en el drama, en la ironía y en la reflexión. ¿Otro dato? El goleador del primer Mundial de Fútbol fue el argentino Guillermo Stábile, con 8 goles, pero no volvió a marcar goles con esta camiseta. Además, fue técnico de la selección de su país durante 20 años y actuó en la película Fantoche, en la que se representaba a sí mismo. ¿Alguien parecido en nuestros días?
La vida y el fútbol tienen estos detalles que asombran, enamoran o permiten un signo de interrogación. Al fútbol han llegado estadistas, estadígrafos y numeristas que cada día brindan fechas y números, pero no narran nada más, les falta el componente humano, irónico o reflexivo que arrojan los fríos números. Si alguien juega fútbol tenemos la esperanza de una lágrima nueva, una sonrisa vieja y un corazón desventurado que clama por la justicia y la libertad. Ver jugar fútbol es creer en alguien y eso salva de tanta soledad.
