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Increíble pero cierto: la declaratoria de culpable del general Santoyo puso a celebrar a unos políticos sin memoria que pretenden utilizar el caso como «martillo» electoral. Sin embargo, la historia es implacable.
Tratar de responsabilizar de la conducta de sus subalternos a los presidentes de la República y, peor aún, de sus jefes de seguridad, es algo así como buscar el ahogado río arriba. No es posible. Los casos de Santoyo y otros son propios de un país permeado por organizaciones delincuenciales organizadas, llámense guerrillas, paras, bacrim, etc. Todas ligadas al narcotráfico.
Y no es serio endilgar aquello a los presidentes por cuanto no les es posible escoger las personas encargadas de su seguridad y la de sus familias, sencillamente porque se trata de un trabajo especializado y quizás del asunto más delicado de resolver en la Presidencia de la República. Como tampoco es justo insinuar que un Jefe de Estado deba vigilar y estar pendiente de las actividades extra laborales o conductas ilícitas de esas personas cuando abusan de sus funciones o posiciones.
El congresista Telésforo Pedraza, implacable en el caso Santoyo, no lo fue en el del coronel Royne Chávez García, exjefe de Seguridad del expresidente Andrés Pastrana, quien fue acusado y encontrado culpable de malversación de fondos y negociar con el narcotráfico, razón por la cual le impusieron pena de cárcel y la confiscación de sus bienes calculados en esa época en cerca de 3 mil millones de pesos. Además, se descubrió que cobraba doble sueldo, como oficial de la Policía y secretario de Seguridad de la Presidencia. Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias con Pastrana, cometeríamos un grave error si lo culpamos de las andanzas delincuenciales de su jefe de seguridad.
Lo mismo podríamos decir después de conocer las rabiosas declaraciones del senador liberal Juan Fernando Cristo contra el expresidente Uribe a raíz del tema Santoyo. En este caso existió aún más cercanía entre Cristo y el coronel Germán Osorio Sepúlveda, ex edecán del expresidente Ernesto Samper, porque el hoy senador se desempeñaba por la época como Consejero para las Comunicaciones de Samper. El coronel Osorio fue sentenciado por haber recibido dineros de la fallecida Elizabeth Montoya, esposa de Jesús Amado “Chucho” Sarria condenado por narcotráfico, más conocida ella como la “Monita Retrechera” durante el Proceso Ocho Mil. Pero, igual que en el caso anterior, mal podríamos culpar a Samper de aquellas oscuras relaciones de su edecán y hombre de mayor confianza.
Y tampoco podemos declarar culpable al expresidente Gaviria por la conducta de su comandante del Ejército, general Murillo González –éste sí escogido por él-, quien fue suspendido por la Procuraduría junto a la destitución de 11 militares más, por la fuga de Pablo Escobar de la cárcel La Catedral en julio de 1992.
Entonces, no es serio utilizar las conductas individuales para salpicar o manchar a quien está en su círculo cercano o superior. El derecho nacional e internacional establece con claridad que las responsabilidades penales son propias de las personas por separado y los delitos son cometidos por el individuo. Lo demás es cosa de sinuosos.
@emaciastovar