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El problema: los afiliadores

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Los conductores de taxis están en una situación muy desventajosa. Realizan un contrato de arrendamiento para la explotación de un vehículo con los dueños del mismo. Basado en este negocio, el sueldo del conductor es el sobrante de todo lo que produjo en el día, menos la gasolina, el lavado y el arriendo diario del carro.

Así las cosas, los “días malos” los conductores no alcanzan siquiera a reunir lo suficiente para llevar algo de dinero a la casa.

Por eso tratan de aprovechar su turno para ganar más dinero: trabajan más horas, evitan las zonas congestionadas, hacen carreras a la periferia e incluso especulan en horas de alta demanda.

Las empresas están maniatadas porque los propietarios de los vehículos escogen a los conductores a su gusto. Las empresas tienen como único incentivo la búsqueda del mayor número de afiliados. Algunos afiliadores responsables exigen algún seguro de salud para sus conductores y en todas (en teoría) vetan a aquellos conductores que tengan comparendos pendientes. Pero debido a la competencia entre ellas, ser muy exigente no es la mejor estrategia.

Bajo el esquema afiliador será muy difícil establecer contratos laborales y esquemas de operación orientados hacia el buen servicio al usuario. Las empresas afiliadoras, en realidad, sólo cumplen un papel de intermediarias, mientras que los propietarios son los que toman la mayor parte de las decisiones; además, manejan buena parte del dinero del sistema sin ninguna contabilidad ni registro.

Más que pensar cómo mejorarle las condiciones a los taxistas bajo este sistema afiliador, hay que pensar en un esquema nuevo, donde también Bogotá, que no recibe un peso por la cesión de la prestación de este servicio a privados, se vea beneficiada.

Un esquema así podría tener, por ejemplo, sociedades de inversionistas que compitan por una concesión por un tiempo para operar cierto número de vehículos de su propiedad o una zona de la ciudad. Estas empresas operadoras contratarían a una serie de conductores bajo contrato laboral donde éstos puedan ser sujeto de controles y sanciones.

Démonos el lapo: ya que estamos ad portas de cambiar el sistema tradicional de buses, hagámoslo de una vez para los taxis.

Álvaro Rodríguez. * Investigador en ingeniería de transporte, Universidad de los Andes y Universidad de California.

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