José Fernando Escobar, el alcalde coleccionista

Once mil pequeñas botellas de licor conforman la colección del nuevo alcalde de Itagüí, José Fernando Escobar.

José Fernando Escobar, alcalde de Itagüí. / Cortesía Revista Bohemia
José Fernando Escobar, alcalde de Itagüí. / Cortesía Revista Bohemia

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Itagüí es el segundo municipio más pequeño de Antioquia. Se caracteriza por ser una tierra de obreros, gente trabajadora, de origen humilde, y a la vez por tener uno de los presupuestos más altos de Colombia, incluso por encima de ciudades capitales. En las últimas elecciones, los pobladores eligieron a José Fernando Escobar, con 26 años de experiencia en servicio público, los mismos que ha dedicado a coleccionar botellas de licor en miniatura.

Escobar es un hombre maduro de cuarenta y tantos años. Su colección de minibotellas raya las once mil unidades. Alopécico, de sonrisa amplia, alto y amable, le gusta mostrar su colección a los visitantes, tal como si un guía del Louvre o El Prado describieran cada obra expuesta. Lo primero que hizo fue encender la iluminación de su sótano y no puedo negar que fue impactante la exhibición. El hombre se dirigió hacia un estante y lo seguí deslumbrado.

— Yo coleccionaba objetos desde que era scout, tenía llaveros, portavasos, cajas de fósforos, hasta que una vez mi suegra me mostró unas botellitas con licor que le trajeron de un viaje. Comencé con una botella de Johnnie Walker sello negro; desde ahí me apasioné por coleccionar licores de diferentes países.

José se paseó cerca de los altos armarios llenos de miniaturas, mientras explicaba y gesticulaba, sin duda se sabe la historia de cada una de ellas.

— Tengo tres botellas de Venezuela, porque este país ha cambiado varias veces de nombre, de bandera y constitución. El ron Santa Teresa es de 1949, cuando se llamó Estados Unidos de Venezuela, luego cambió a la República de Venezuela y hoy se llama República Bolivariana de Venezuela y de cada época tengo una botella.

Como nuevo alcalde de Itagüí, José Fernando se enfrentará a 5.500 migrantes venezolanos que habitan el municipio. ¿Qué planea para esta población?, le preguntó mientras el hombre responde un mensaje en el celular. Observa una miniatura de Corea del Norte y me dice:

 — Tenemos que acogerlos, incluirlos a través de la educación, la salud y programas sociales. Mire, 1.500 niños venezolanos están en una sola institución educativa, tal es el tamaño del asunto.

José es un hombre de tono pausado, no se jacta de su impresionante colección que llena más de diez vitrinas iluminadas por luces led blancas. Lo miro y me surge la idea de que detrás de ese nuevo burgomaestre hay una especie de chico ingenuo con intachable hoja de vida, pienso que habla en su favor su pasado scout.

—   ¿Tiene botellas que aludan a problemas sociales o políticos?

— Sí, mira esta botella de Israel y esta de Palestina —me dice entusiasmado—. No las tengo juntas porque están en orden alfabético.

 Luego señaló una pequeña botella con licor de Alemania, en la que pude observar un símbolo nazi. Alguna vez traté de enviar esta botella a un coleccionista en Alemania, pero el alemán me respondió que no quería saber nada de esa época.

— Supongo que no tiene licores de la época de la prohibición del alcohol en Estados Unidos.

— No, no tengo, pero tengo un whiskey elaborado de 1892 y envasado en 1899, previo a la prohibición. También tengo este licor con hojuelas de plata. Recuerda que la plata produce cáncer y por eso lo prohibieron. Hay varias botellas con referencia al sexo, como una que tiene el Kamasutra y otra portuguesa que tiene “licor de leite”. Es una botella con forma de falo. Mi botella más valiosa es un cognac Rémy Martin, vale 800 dólares. La gente que sabe de mi afición me trae botellas, aunque también a través de mi sitio web, www.miniaturasdecolombia.com, me contactan y me las envían.

Las mudanzas, con más de diez mil botellas para proteger, no deben ser fáciles. José se ha cambiado de hogar en seis ocasiones. En la más reciente tardó tres meses en empacar. Escobar mira cada botella como si fueran hijos a los que les conoce sus íntimos secretos.

— La botella que más quiero es este ron, La Conquista del Paraíso 1492, una botella de cerámica blanca. De Colombia la que más aprecio es un ron de la Fábrica de Licores de Antioquia, la cual fue muy difícil conseguir. Estos millares de botellas me ayudan a aprender de países, culturas, historia, en fin, es un hábito sano que a través del Instituto del Deporte podré fomentar entre la juventud itagüiseña. Además, nuestra ciudad necesita mejorar el tejido social, con ferias del saber, de libros, de lectura, invitar a los jóvenes a interactuar y si logramos organizar una dirección de desarrollo económico, podremos ayudar a los jóvenes emprendedores a salir adelante.

Itagüí es un municipio pequeño, con solo 17 kilómetros cuadrados y el tercero más poblado del área metropolitana, con cerca de 270.000 habitantes. Escobar tendrá que liderar 64 barrios, un corregimiento y ocho veredas, con un presupuesto anual que ronda los 485 mil millones de pesos. Si este nuevo alcalde mantiene en orden este municipio, como a su colección de once mil botellas, los itagüiseños no tendrán de qué preocuparse.

 

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