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Tránsito a la república

Rodolfo Arango
15 de agosto de 2012 – 05:19 p. m.

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Colombia quiere ser una República Democrática. Por lo menos eso dice el artículo 1º de la Constitución.

No está claro, sin embargo, qué se requiere para ser una república. Por lo menos tres condiciones deben procurarse para ello: la soberanía popular, el Estado de derecho y la garantía de iguales derechos para todos. Ninguno de estos presupuestos se cumple actualmente en el país. El saqueo de los recursos mineros por multinacionales con la complicidad de un puñado de nacionales y en desmedro del medio ambiente sano y sostenible; la compraventa de testigos en la entidad encargada de investigar y acusar antes los jueces; el robo de datos personales de millones de colombianos por parte de agentes del Estado, son sólo tres ejemplos recientes que muestran la distancia entre el ideal republicano y la realidad.

¿Qué actitud asumir ante la precariedad del orden democrático y republicano existente? ¿Será que los llamados a emprender guerras contra los vecinos (Uribe) o a derrocar los gobiernos de turno (Farc, Eln) nos acercan un ápice a ese ideal? Ciertamente las soluciones de fuerza o totalitarias nada aportan a forjar una mentalidad republicana. Tampoco la demagogia y el reparto de lisonjas a la población contribuyen a acrecentar el autogobierno ciudadano respetuoso de la ley y garante de iguales derechos para todos. Sólo la toma de conciencia y la movilización masiva del pueblo pueden hacer la diferencia. La educación y la participación política permiten pasar de una sociedad donde prima el despotismo y la dominación a una sociedad emancipada. En el interregno de un sistema autoritario a uno republicano es importante no perder el norte. Cada uno en su espacio de influencia podría ayudar a establecer las condiciones para alcanzar el autogobierno, la fidelidad a la ley soberana y el respeto de los derechos.

Pese a que la tarea pendiente es aparentemente clara, es frecuente que los poderes sociales (partidos políticos, medios de comunicación, entre otros) se dejen guiar por mezquinos o cortoplacistas intereses. Unos y otros podrían contribuir a la construcción de un orden republicano que propicie la paz; para esto es importante defender principios y no sólo oportunidades. Unos y otros podrían condicionar sus acciones a que éstas pudieran ser aceptadas por todos, como si ellas fueran producto de una decisión colectiva y soberana. La reflexión emerge al ver que las dolorosas decisiones de coherencia y sindéresis política adoptadas por el Polo Democrático Alternativo, son presentadas por muchos medios de comunicación como la disolución del único partido político de oposición; todo mientras se celebra la doble militancia en el partido gubernamental de la U (en cohabitación malsana con el movimiento político Puro Centro Democrático), en clara violación de la Constitución y la ley.

Por fortuna no todo es negativo. El movimiento político Pido la Palabra refleja el anhelo de muchos de sus integrantes por recuperar la posibilidad ciudadana de autodeterminarse y desplazar a quienes truculentamente anidan en el Estado. Ojalá pronto definan su ideología, sus programas y sus propuestas. La Marcha Patriótica también podría consolidarse como un movimiento político y social que dispute efectivamente el poder político dentro del marco constitucional y democrático. Si estas y otras iniciativas avanzan, y si la ciudadanía revoca en las urnas la soberanía de la corrupción y del engaño, habremos avanzado gradualmente en el difícil, tortuoso pero posible camino hacia la paz.

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