Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Llegaron con sus rostros y sus ropas de intelectuales, el paso lento, la mirada incisiva, las manos ansiosas y olor a café.
Cuando comenzaron las charlas, desplegaron su arsenal de libretas y bolígrafos y libros y escribieron y tacharon y subrayaron. El auditorio tenía un profundo sabor a dudas, pero había que seguir adelante. Él, yo, tenía que continuar con su exposición, el breve recuento de la vida, las peripecias, mentiras, verdades, trabajos, miedos, amenazas, dineros, chantajes, presiones que un periodista debía afrontar en zonas de conflicto. Habló de uno que, decían, se había hecho secuestrar por los paramilitares para hacerle ver a la guerrilla que estaba de su lado, que era uno de ellos, y luego, ya en libertad, inmerso en el grupo, sacó la información que pudo para ofrecerles a los militares nombres, direcciones, teléfonos, sitios, estrategias y planes. Habló de otro que se inventaba ataques rotundos contra… y cargaba con sus dosis personales de armamento y bolsas de cocaína para exponerlos en la gran prensa nacional. Habló de uno más que recibía un cheque mensual de uno y otro y otro lado para informar sobre sus falsos triunfos.
Y mientras hablaba veía al público y pensaba que se le iban a escapar las palabras, que tendría taquicardia de un momento a otro, que se desvanecería tal vez. Y habló y las palabras fueron entes que salieron por sí mismas, entes de aire que desafiaron su voluntad, letras y letras que él no comprendió, hasta que pidió un permiso, “excúsenme un momento que ya vuelvo”, y sin esperar respuesta se levantó de la mesa y salió. Ya afuera, se sentó en un muro, se secó el sudor de la frente y de las manos, respiró, trató de fumar e intentó recordar momentos felices, personas amadas. Todo fue en vano. Una de las organizadoras del simposio salió y le preguntó si estaba bien. “Bien, sí, tranquila, ya regreso”, le prometió él. Sin embargo, los nervios, la angustia de nunca supo qué, lo invadieron de nuevo. Más fuertes, implacables, agudos. Entonces se fue.