Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Después de la tormenta, queda claro que el alcalde Gustavo Petro formuló de manera inadecuada su propuesta de crear centros de consumo controlado para adictos a las drogas.
Si bien buscaba así reducir los homicidios y la inseguridad, la propuesta tendría que haberla incluido al final de todo un programa integral antidroga que contemplara: 1. La prevención del consumo, lo cual pertenece al campo de la educación. 2. El tratamiento de la drogadicción como un asunto de salud pública, pues ¡los 300.000 colombianos adictos no pueden tratarse como criminales! Y 3. la reducción de la delincuencia y de la criminalidad generadas por el tráfico ilícito, impulsado por la necesidad incontrolable de los drogadictos de acceder al vicio. (En Bogotá, en el 2011, 15% de los homicidios tuvieron relación con el consumo de estupefacientes).
En este último punto es que se sitúa la propuesta del alcalde. Por eso no extraña que mientras ha sido vista con recelo en muchos sectores, haya sido mirada con simpatía por las autoridades anticrimen: el fiscal general, el director de la Policía y el presidente de la Sala Penal de la Corte.
Sin embargo, Petro se equivocó en el orden en que planteó su propuesta: tendría que haber empezado por formular una política integral contra la droga, centrada primero en la prevención del consumo, obviamente asesorado por expertos, de manera que formulara una política integral, en vez de disparar una idea aquí y otra allá.
¡Y no debe ser costoso prevenir el consumo! ¡O, por lo menos, lo es menos que tratar a los 300.000 adictos y mantener las cárceles suficientes para albergar a los que delinquen por la droga: ¡es que, casi siempre, la drogadicción es fruto de una educación inadecuada!
Como lo escribí a propósito de la muerte por droga de la cantante Whitney Houston, citando a Miguel Betín, sicólogo experto en alcoholismo y drogadicción, el infierno de la droga se previene “alfabetizando emocionalmente. Y ello se logra enseñando a manejar las frustraciones, el desamor, la soledad y la tristeza, pues quienes toleran poco esos sentimientos son los más proclives al vicio”.
Según él —¡y eso sí que puede hacerlo Petro!—, “es indispensable implantar en el Plan Educativo Institucional de colegios y escuelas una política pública de prevención del consumo, que consistiría en garantizar el aprendizaje de tres competencias fundamentales: 1. Identificar las propias emociones y sentimientos, sin negarlos ni confundirlos: verbo y gracia, no creer que se está triste cuando lo que se siente es rabia. 2. Aprender a manifestar el enfado y la tristeza oportuna y adecuadamente. Y 3. Adquirir herramientas para autorregular y modular esos sentimientos, sin negarlos: por ejemplo, los poetas superan sus dolores al ponerlos en palabras bellas…”.
Y Betín concluía: nos preocupamos porque los muchachos (…) sepan despejar ecuaciones matemáticas. “Pero no les enseñamos a despejar las que a diario nos presenta la vida: las del amor, la maternidad, la paternidad y las pasiones humanas”.
Si el alcalde implantara esa cátedra, en unos años ¡disminuiría la drogadicción!
***
¡Bienvenido el grupo de dirigentes reunidos en Medellín para “pedir la palabra” y trabajar por Colombia! Desde mi trinchera de periodista analizaré con independencia sus propuestas. ¡Algo positivo tiene que surgir de la reunión de talentos como Antonio Navarro, Alonso Salazar, Antanas Mockus, Iván Marulanda, José Antonio Ocampo, etc. ¡Suerte y adelante!