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A principios de este año, en el corazón del departamento del Meta, Cormacarena, la autoridad ambiental de la región, enfrentó una escena desgarradora: dos crías, una de oso palmero y otra de tamandúa, fueron encontradas aferradas al cuerpo sin vida de sus madres, víctimas de atropellamientos. Sin la protección materna, las pequeñas se encontraban en un entorno peligroso, con mínimas posibilidades de sobrevivir. Sin embargo, su destino cambió al ser trasladadas al Centro de Atención y Valoración de Fauna (CAV) del Bioparque Los Ocarros, donde comenzaron a recibir los cuidados que no pudieron tener en la naturaleza: leche, calor constante y un entorno seguro.
Este proceso, llamado crianza artificial, tiene como objetivo brindar cuidados especiales a los animales silvestres neonatos y juveniles que han quedado huérfanos por diversas causas. La atención que reciben incluye una dieta adecuada, control de temperatura, estimulación sensorial y el aprendizaje de comportamientos naturales. Todo esto se realiza para garantizar que las especies se desarrollen de manera saludable, tanto física como comportamentalmente. El propósito final es que, una vez alcancen la independencia, puedan ser reintroducidas con éxito en su hábitat natural.
Cuidar a los huérfanos de la naturaleza: un proceso complejo
La crianza artificial de animales silvestres surge por diversas razones, muchas de las cuales están estrechamente relacionadas con el impacto humano en la naturaleza. Uno de los factores más devastadores es el tráfico ilegal de fauna, que arranca a las crías de su hogar natural y las somete a un destino incierto. En muchos casos, estas criaturas son confiscadas por las autoridades, pero la traumática experiencia deja cicatrices profundas en su bienestar.
Gustavo Trujillo, biólogo de la Dirección de Gestión Ambiental de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), señala que otro hecho frecuente que lleva a la crianza asistida de animales es la muerte de la madre, sobre todo a causa de atropellamientos. Además, actividades humanas como la minería, la agricultura y la construcción de infraestructuras destruyen hábitats esenciales, separando a las crías de sus progenitores y aumentando la necesidad de intervención. “El efecto antrópico, particularmente a través de la deforestación y la expansión de infraestructuras, provoca que los neonatos queden huérfanos o desplazados”, explica Trujillo.
Los peligros no se limitan solo a la acción humana. En la naturaleza, la depredación o el abandono materno son también causas comunes que requieren intervención. Los eventos climáticos extremos, como las lluvias torrenciales o los incendios forestales, generan un caos que afecta a la vida silvestre y pone en peligro la supervivencia de los animales más pequeños e indefensos.
Cada uno de estos factores deja a las crías expuestas a peligros que amenazan su supervivencia, obligando a los centros de rehabilitación a brindarles una segunda oportunidad a través de la crianza artificial. Este proceso comienza con una evaluación exhaustiva del estado de salud del neonato. A partir de allí, se diseña un manejo específico según el grupo taxonómico al que pertenezca el animal. “Por ejemplo, los mamíferos requieren fórmulas lácteas que intentan imitar la composición de la leche materna, mientras que las aves necesitan un protocolo de alimentación que simule la regurgitación parental”, informa Yully Pardo, bióloga experta en crianza asistida de animales silvestres del Bioparque Los Ocarros.
Para llevar a cabo este proceso de manera efectiva, es imprescindible contar con un equipo interdisciplinario altamente capacitado. Pardo destaca que se requiere personal con conocimientos en biología, medicina veterinaria y comportamiento animal.
La tecnología también juega un papel crucial en el proceso de rehabilitación. Para atender a aves y reptiles, las incubadoras son fundamentales, mientras que los mamíferos requieren fuentes de calor para su desarrollo. Las fórmulas lácteas específicas son esenciales y los recintos deben estar diseñados para estimular comportamientos naturales que ayuden a los animales a adaptarse y recuperarse. Equipos como cámaras de vigilancia, sensores de temperatura y sistemas de alimentación controlada permiten realizar un seguimiento constante y detallado del bienestar de las crías.
El trabajo de crianza asistida no termina con el cuidado diario, también es esencial contar con la infraestructura adecuada: contenedores, jaulas, corrales y recintos de transición. Las herramientas para la limpieza y desinfección son vitales para evitar enfermedades, mientras que elementos como cobijas y peluches ayudan a reducir el estrés y proporcionar consuelo a los neonatos. “La clave está en brindarles un ambiente lo más cercano posible a su hábitat natural, para que puedan desarrollarse de manera saludable”, comenta Trujillo.
El tiempo que dura el proceso de crianza asistida puede variar considerablemente dependiendo de cada animal. En las aves, por ejemplo, suele durar algunos meses hasta que desarrollan el plumaje necesario para volar y cazar por sí solas. En los mamíferos, puede extenderse por años, especialmente en especies que dependen de la madre durante un período prolongado.
Las especies más beneficiadas
En Colombia, la crianza artificial juega un papel fundamental en la conservación de diversas especies que enfrentan crecientes amenazas. Animales como hormigueros, armadillos, perezosos, así como aves rapaces y psitácidas, requieren cuidados especiales. Los reptiles, como tortugas y algunas serpientes, también forman parte de este esfuerzo de rehabilitación. “Cada uno de estos grupos tiene necesidades específicas en cuanto a manejo, alimentación y preparación para su liberación”, señala Pardo.
En varias regiones del país, como en el sur del Huila, animales como nutrias, zorros, mapaches, tigrillos y ardillas son algunos de los más afectados por diversas amenazas. Mientras que en el norte, las zarigüeyas son uno de los grupos más vulnerables. “La población de zarigüeyas es muy numerosa en las zonas urbanas y algunas son abandonadas por sus madres al huir de los ataques de perros, gatos o personas, lo que provoca la caída de los bebés de sus bolsas. En esos casos, las personas las recogen y las traen, y nosotros las ayudamos a desarrollarse a través de la crianza artificial”, explica Mario Suárez, médico veterinario de la Corporación Autónoma del Medio Ambiente (CAM).
Por otro lado, Trujillo menciona que en el Valle del Cauca los que más requieren de la crianza asistida son los búhos, los loros y las tortugas hicoteas. Estos ingresos están fuertemente influenciados por factores externos, como las épocas reproductivas de los animales, las condiciones climáticas, especialmente la temporada de lluvias, y las vacaciones, cuando el tráfico ilegal de fauna aumenta considerablemente.
Desafios en el camino de la rehabilitación
En el país, los centros de atención y valoración de fauna silvestre enfrentan una serie de retos complejos y cruciales cuando se trata de trabajar con neonatos. Uno de los mayores desafíos es la impronta, es decir, la habituación de los animales a las personas. Esto crea en los individuos comportamientos inadecuados para su especie. El problema, según explica Pardo, es especialmente relevante en aves y mamíferos con alta capacidad cognitiva, como los primates, que, debido a su inteligencia, pueden formar lazos emocionales fuertes con sus cuidadores, complicando su reintegración en la vida silvestre.
Para reducir los efectos de la impronta, los centros de atención y valoración de fauna han desarrollado varios métodos. Uno de los más comunes es la crianza a ciegas, en la que los neonatos se mantienen en condiciones en las que no tienen contacto visual ni físico con los humanos. También se emplean técnicas como la imposición de sustitutos en los que se utilizan peluches o figuras de otras especies para imitar a los padres. Otro método es el uso de máscaras o trajes especiales que permiten a los cuidadores interactuar con los animales sin que estos los reconozcan como humanos. Estos enfoques ayudan a minimizar la influencia humana sobre los animales, favoreciendo su adaptación a la vida salvaje una vez que sean liberados.
Otro reto significativo es la dificultad de replicar las dietas naturales que los animales necesitarían en su hábitat, pues muchos requieren alimentos o fórmulas específicas que son difíciles de conseguir en condiciones controladas. A esto se suma la necesidad de una infraestructura adecuada para el desarrollo de los neonatos, ya que cada grupo taxonómico demanda condiciones específicas de temperatura, humedad y espacio para su crecimiento y bienestar.
“La crianza artificial, al ser un proceso tan minucioso y exigente, suele resultar costoso para las corporaciones ambientales. Dado que los presupuestos de estas entidades a menudo son limitados, esto representa un desafío significativo. Sin embargo, lo priorizamos porque salvar a un neonato silvestre y reintroducirlo a su hábitat natural simboliza de manera tangible el esfuerzo por conservar la biodiversidad”, afirma Trujillo.
Caber aclarar que las corporaciones ambientales se financian con recursos propios, aportes del Presupuesto General de la Nación y con el Fondo de Compensación Ambiental (FCA), lo que les permite cubrir los costos asociados a la atención y rehabilitación de la fauna silvestre, aunque los recursos disponibles a menudo son insuficientes para afrontar todas las necesidades que demanda la labor de conservación.
Tambien es importante decir que aunque los animales sean atendidos en los centros de atención, esto no garantiza su superviviencia. “Aunque sobrevivan a la extracción e ingresen al centro de atención, el proceso de crianza artificial es muy complejo, los animales sufren estrés, susto, piensan que los van a depredar, no comprenden que los están sacando con una buena intención y entonces tienden a sufrir de trastorno digestivo, se les bajan las defensas, son propensos a infecciones y a morir de cualquier patología”, explica Suárez, profesional de fauna de la CAM.
El futuro de la crianza artificial: avances y retos por superar
La crianza asistida de animales silvestres ha demostrado ser una herramienta clave en la recuperación y rehabilitación de numerosos neonatos en estado de vulnerabilidad en Colombia. Yully Pardo señala que “uno de los mayores logros ha sido el entrenamiento y la capacitación de profesionales, así como la constante actualización en nuevas metodologías basadas en evidencia científica, lo que ha sido fundamental para asegurar la rehabilitación exitosa de estas especies”.
Una investigación realizada por la Pontificia Universidad Javeriana, en colaboración con varias entidades ambientales, analizó la efectividad de la crianza artificial en especies como los psitácidos y las zarigüeyas. El estudio concluyó que, aunque la crianza asistida tiene un alto potencial de éxito, la tasa de supervivencia en animales reintroducidos a su hábitat depende en gran medida de la aplicación rigurosa de protocolos que minimicen la impronta y fomenten comportamientos naturales. Además, se señaló que la capacitación constante de los equipos de trabajo y el uso de tecnologías de monitoreo avanzadas, como GPS y cámaras de trampa, son esenciales para evaluar el éxito de la reintegración.
Hasta la fecha, Cormacarena estima que ha logrado salvar y devolver a su hábitat natural a más de 300 neonatos silvestres mediante la crianza artificial. Sin embargo, obtener datos exactos sobre el impacto de estas prácticas resulta difícil debido a la falta de seguimiento a largo plazo y a los recursos limitados para realizar estudios detallados. Aunque otras corporaciones ambientales aún no cuentan con cifras precisas, coinciden en señalar que la crianza asistida representa una estrategia positiva y efectiva en la conservación de la biodiversidad, fundamental para la preservación de especies en peligro.
De cara al futuro, la crianza asistida de animales silvestres en el país se perfila como un campo con gran potencial de desarrollo y especialización. En los próximos años, se espera que continúen surgiendo nuevas técnicas para mejorar la rehabilitación. “El uso de modelos de padres sustitutos en especies como primates y aves será crucial para reducir la impronta, facilitando un regreso más exitoso a su entorno natural”, comenta Pardo. Además, el avance del monitoreo tecnológico, mediante cámaras y sensores, permitirá un seguimiento más respetuoso y menos invasivo del desarrollo de los neonatos, preservando su comportamiento natural.
Trujillo, por su parte, destaca que “la concientización sobre el cuidado de la fauna silvestre será esencial, y esperamos que, en los próximos años, las personas comprendan mejor la importancia de no intervenir en el entorno natural sin una justificación válida”. También subraya que “la reducción del tráfico de fauna y las actividades humanas que destruyen hábitats serán fundamentales para la conservación de las especies”.
La importancia de la crianza artificial de fauna silvestre no se limita solo a la rehabilitación de los animales individuales, sino que también tiene un impacto crucial en la conservación de aquellas especies que se encuentran en riesgo. “Es vital para salvar a individuos que, de otro modo, no tendrían oportunidad de sobrevivir, especialmente en especies con bajas tasas de reproducción o en peligro de extinción”, indica Pardo.
Se espera que, en los próximos años, estos esfuerzos se multipliquen, asegurando que muchas más especies tengan una oportunidad real de recuperar su lugar en el ecosistema, contribuyendo al equilibrio y la sostenibilidad de la fauna silvestre colombiana.
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