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La misma fotografía de años y años

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Definitivamente el coronavirus ha monopolizado la información periodística, la científica y la de las opiniones. Qué difícil apartarse de este tema para expresarnos sobre otros aspectos que igual forman parte de la vida de la sociedad a nivel personal, grupal o comunitario con o sin pandemia. Naturalmente, los principales centros de desarrollo son los que copan titulares, ojalá fueran titulares llenos de vida y esperanza a pesar del COVID-19, la inmensa mayoría son un desastre, dejan la moral por debajo de cero. Ya no sorprende nada.

Las mismas actitudes de abuso y soberbia desde el poder que se ejerce desde la Presidencia de la República hasta las alcaldías de pueblos recónditos del país. Cuando un gobernante se jacta tanto de ser honesto y transparente (palabras vulgarizadas por políticos y funcionarios) suena peligroso, lo que termina es tapando con publicidad y propaganda su mediocridad. Dice Hassan Nassar, para justificar la descomunal partida presupuestal dedicada a lavar la imagen del primer mandatario, que eso forma parte del presupuesto en no sé qué rubro y, por lo tanto, es legal, y que además todos lo han hecho desde no sé qué año. Hasta donde entiendo, no todo lo legal es moral, pero claro, esto último no llega a los entramados judiciales.

Si tanta transparencia se respira desde la Casa de Nariño y demás ministerios, cambien ese lavado de imagen presidencial por obras que se vean y se palpen en los sectores más deprimidos, que la gente sabe distinguir entre las obras adelantadas en su favor y cuando el funcionario de turno acomoda licitaciones, contratos y asigna descaradas sumas.

Eso sí que sería ejemplarizante, que desde el despacho del primer mandatario se ordene, de inmediato con ese presupuesto, atender el Amazonas, las costas Pacífica nariñense y chocoana, los antiguos Territorios Nacionales y se exija el correspondiente informe con base en formatos rigurosos con sus soportes.

¿Sí vieron a esa funcionaria del Congreso que intentó congraciarse con los parlamentarios al pretender comprar más de 10.000 tapabocas para los “pobres viejecitos senadores y representantes que no tenían nadita que comer…, solo contratos, carros blindados, secretarias, asistentes…”?

Averigüen cómo funciona el Parlamento sueco y comparen. ¿Cuándo cambiará la fotografía?

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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