Las casas de lujo en Turquía que se convirtieron en un fiasco inmobiliario

Un ambicioso proyecto en Turquía, en el que se preveía la construcción de cientos de mansiones, está sufriendo las consecuencias de la crisis económica nacional. La lira turca se desplomó en agosto, en medio de tensiones diplomáticas con Estados Unidos, y la inflación alcanzó niveles hasta ahora desconocidos.

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14 de enero de 2019 – 02:01 p. m.
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Lo que iba a ser un cuento de hadas en Turquía para los inversores se ha convertido en un fracaso inmobiliario. Cientos de mansiones en hileras, que parecen inspiradas en los castillos de Francia o de Disney, están vacías debido a la crisis económica.

Este ambicioso proyecto está sufriendo las peores consecuencias del derrumbe del sector de la construcción en Turquía, otrora clave para la economía del país, así como de la conflictividad regional, en tanto la economía del país se ralentiza. 

Tras un largo periodo de crecimiento, la economía turca se contrajo en un 1,1% entre el segundo y tercer trimestre de 2018, por lo que muchos economistas temen ahora una recesión. 

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La lira turca se desplomó en agosto, en medio de tensiones diplomáticas con Estados Unidos, y la inflación alcanzó niveles hasta ahora desconocidos. La divisa turca perdió el 28% de su valor ante al dólar en 2018, y los mercados continuan escépticos respecto a la estrategia de Ankara para controlar los problemas subyacentes de la economía (alza del gasto público, rebaja del IVA…).

Quiebras 

En los suburbios de Mudurnu, ubicada en la provincia montañosa de Bolu, hay centenares de casonas con terrazas blancas y torres puntiagudas que, se supone, evocan la arquitectura europea. Éstas integran un ambicioso proyecto lanzado en 2014 por Sarot, un grupo constructor del sector inmobiliario turco, que participa en varios proyectos importantes en esta región.

El complejo «Burj al Babas» preveía contar hasta con 732 grandes chalés y un centro comercial.

Pero ha sufrido los reveses financieros hasta el punto que Sarot, al igual que centenares de otras empresas turcas. De hecho, pidió que se le declarase en quiebra. Operando bajo la tutela del Estado, fue autorizada a suspender los pagos a sus acreedores y reestructurar su deuda. 

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No obstante, el grupo Sarot se vería asfixiado cuando los clientes se mostraron incapaces de pagar los créditos para las casas que habían comprado, señaló a la AFP el vicepresidente de éste, Mezher Yerdelen.

Sarot había vendido 351 casas con un valor de entre US $400.000 y US $500.000 cada una, sobre todo a inversores del Golfo. Pero, varias de estas operaciones se anularon cuando el 80% ya estaba construido, a causa de la caída de los precios del petróleo y al impacto negativo de las fluctuaciones de los precios de la construcción en Turquía.

El asunto está actualmente en manos de la justicia.

Burbuja

Sarot está lejos de ser un caso aislado en Turquía. La construcción ha sido uno de los motores del crecimiento económico desde la llegada al poder del presidente Recep Tayyip Erdogan, en 2003, pero el sector se replegó en un 5,3% sobre un año en el tercer trimestre de 2018, y acumula dificultades.

«Cada cuatro empresas que solicitan la quiebra, tres pertenecen al sector de la construcción», afirmó Alper Duman, profesor asociado de la facultad de Economía de la universidad de Esmirna. 

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«Se llame burbuja de la construcción o inmobiliaria, lo cierto es que hay una burbuja en Turquía», agregó. En 16 años, se construyeron 10,5 millones de apartamentos, pero sólo unos 8 millones están ocupados.

La ministra de Comercio, Ruhsar Pekcan, declaró a mediados de diciembre que 846 se declararon en quiebra desde marzo de 2018, pero el diario opositor Sözcü, mencionó en octubre que serían unas 3.000.

Sin embargo, algunos son optimistas a largo plazo, como es el caso del exdirector ejecutivo del grupo de estudios Reidin Data and Analytics, Kerim Alain Bertrand.

«La construcción es la locomotora del país», subrayaba a fines de 2018. «Aunque sea limitada, esperamos una consolidación en este sector», en particular porque será «mantenido vivo» por la población joven, en un país con fuerte crecimiento demográfico.

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