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En Chile las diferencias de la comunidad estudiantil frente a los planes del gobierno de Sebastián Piñera para la educación parecen irreconciliables. Hasta el momento la huelga que soportan los centros educativos públicos desde hace dos meses y los violentos disturbios que tuvieron lugar esta semana —396 detenidos y 133 heridos entre civiles y policías— no son suficientes para que el Ejecutivo ceda en las intenciones del nuevo plan de educación, presentado al Congreso el lunes anterior.
Las asociaciones estudiantiles consideran que pocas son las novedades de este plan: el 60% de la educación seguirá en manos de capitales privados y las tarifas de las matrículas (US$56.000 es en promedio el costo de un pregrado) continuarán considerablemente altas para la clase media y ni hablar de las populares. En resumen, para ellos, el nuevo plan no garantiza constitucionalmente la calidad y la gratuidad de la educación pública, pues se basa en el mismo esquema formulado por Augusto Pinochet durante sus años en el poder (1973-1990).
El gobierno no parece dar el brazo a torcer y optó por invitar a las organizaciones estudiantiles a conformar mesas de trabajo que puedan participar de los debates “en el Congreso, en proyectos de ley”, de acuerdo con las palabras del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter. En la misma línea se mantuvo el portavoz de La Moneda, Andrés Chadwick, quien afirmó que no se tuvieron en cuenta las exigencias de los jóvenes porque “todos los temas” ya se encontraban incluidos en el plan que se entregó a los parlamentarios.
No obstante, del otro lado, las manifestaciones están lejos de diluirse. Después de que los enfrentamientos del martes pasado, por los que incluso la Comisión Interamericana de Derechos Humanos invitó a las autoridades de Chile a reflexionar sobre el uso desproporcionado de la fuerza, los estudiantes incrementaron su presencia en las calles de Santiago con ‘caserolazos’ y manifestaciones culturales al aire libre, al tiempo que convocaron a una gran marcha nacional que tendrá lugar la próxima semana.
Algunas voces críticas ya comienzan a caer sobre Sebastián Piñera. El expresidente Ricardo Lagos aseguró que el país padece de una “crisis de institucionalidad” originada por el gobierno.
Apoyo latinoamericano
Las protestas por una reforma educativa en Chile tuvieron repercusión en Montevideo (Uruguay), donde cerca de 3.500 jóvenes, procedentes de diferentes países de América Latina, marcharon por el centro de la ciudad y se posaron en frente de la Embajada chilena para manifestarse en contra de la “represión” de las autoridades australes contra los estudiantes. La mayoría de los marchantes participaban de la edición número 16 del Congreso de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (Oclae), que se desarrolla por estos días en la capital uruguaya.