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Con su triunfo en la Milán – San Remo 2021, Jasper Stuyven logró cumplir un sueño: ganar un monumento del ciclismo. Ese objetivo, que ha sido la obsesión de su vida, viene de una promesa que el pedalista belga se hizo a sí mismo hace muchos años.
No es que Stuyven no haya tenido triunfos importantes en su carrera, pero ganar uno de los cinco monumentos del ciclismo tenía un significado especial para él.
Stuyven, desde joven, aparentaba tener madera para ser un gran ciclista de carreras clásicas. Fue en 2009, en Rusia, que logró su primer título importante, tras ser campeón del mundo en la categoría júnior. Un año más tarde, ganó la París-Roubaix de menores y desde aquel entonces lo persiguió ese deseo de alcanzar la máxima gloria en alguna de las carreras tradicionales, que se disputaban en un día.
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Jasper Stuyven debutó como profesional en 2012, en las filas del equipo estadounidense Bontrager Livestrong Team. Desde esa fecha hasta hoy, Stuyven ganó etapas de carreras clásicas por todo el mundo, pero, tal vez, una de las más importantes la consiguió en La Vuelta España de 2015, ya en las filas del Trek, equipo al que llegó en 2014.
Además, el ciclista de 28 años, oriundo de la ciudad de Lovaina, es recordado por demostrar, una y otra vez, su capacidad para dominar el ritmo de los últimos metros en etapas clásicas, ganando, de modo magistral, la recordada Kuurne – Brussels -Kuurne de 2016 o las dos jornadas que tiene en su palmarés del Binck Bank Tour, la primera en 2017 y la segunda en 2018.
Jasper Stuyven siempre mostró destreza, pero cuando llegaba el momento de consolidase en las clásicas de más renombre aparecían los infortunios.
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Por ejemplo su caída en la Gent – Wevelgem de 2019 o el puesto 27 en la París-Roubaix del mismo año, golpes que marcaron un antes y un después en la vida del pedalista.
A partir de allí, Stuyven entendió que no podía alcanzar la perfección y que si quería lograr el sueño de su vida debía centrarse más en su preparación y menos en tratar de esquivar lo inevitable en el ciclismo.
“Acepté que no existe la perfección y que debía apuntar a ser menos perfecto”, dijo en una entrevista al portal Ciclismo Internacional de cara a la temporada de 2020.
Y es que la nueva concepción del mundo que adquirió el pedalista del Trek le permitió levantar su nivel, logrando un campeonato inesperado en la Vuelta a Alemania en 2019, un rendimiento sobresaliente en el Tour de Suiza y también en la carrera más importante del mundo: El Tour de Francia.
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“Cuando inicié la concentración en altura, a principios de mayo, sentí que estaba recuperado enseguida de mis golpes. Eso significó un enorme impulso moral, que me permitiría pelear por ganar de nuevo”, declaró, en ese entonces, a la televisión francesa.
Stuyven sabía que estaba cerca de alcanzar su sueño y que su momento llegaría en 2020, pero ahí apareció la pandemia del Coronavirus y frenó todo de tajo.
“Creo que la primavera de 2020 será especial, creo que llegó nuestro momento, la hora del Trek”, había declarado unos meses antes de que se parara el calendario.
Un nuevo obstáculo que no frenó sus ilusiones. El mundo paró, pero Stuyven siguió su entrenamiento, silencioso. Este sábado, en la Milán – San Remo, él no era uno de los favoritos. Las apuestas se inclinaban a una feroz batalla entre el holandés Mathieu Van Der Poel y del belga Wout Van Aert.
Sin embargo, Stuyven sabía que las chances estaban ahí y que él se había hecho una promesa hace muchos años, que ya era hora de cumplir.
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En los últimos tres kilómetros de la carrera, el belga estaba en la cabeza de la jornada y decidió arriesgarse cuando todavía quedaban más de 3.000 metros para llegar a la meta.
Los que lo perseguían parecían poco interesados en su ataque, y mientras que se cuidaban de no perderse el rastro el uno al otro, Jasper Stuyven dio las estocada final en los metros finales y venció, contra todo pronostico, a los grandes favoritos.
Fue el impulso de una obsesión que lo persiguió toda la vida. Jasper Stuyven ya puede decir que es el ganador de un monumento del ciclismo. Un sueño que se prometió cumplir cuando apenas iniciaba a competir en el ciclismo internacional.