Llamado a cordura al Eln

Un grupo de más de 50 intelectuales, periodistas, escritores, artistas y personalidades de izquierda enviaron un fuerte llamado al Eln para que se comprometa con el proceso de paz y dé muestras evidentes de su intención de abandonar la violencia como arma política. Entre los firmantes están Antonio Caballero, Héctor Abad, Juan Gabriel Vásquez, Piedad Bonnet y Juan Manuel Roca. Este es el texto completo que fue enviado a Quito:

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“El 9 de enero de este año terminaron los 102 días del alto al fuego bilateral entre el Gobierno Nacional y la guerrilla del Eln. Ésta lo rompió sólo en dos ocasiones, y el Gobierno, por su parte, fue impotente o indiferente ante el sistemático goteo de asesinatos de líderes sociales cometidos con impunidad en varias regiones del país. Pero no hubo enfrentamientos directos entre el Eln y las Fuerzas Armadas. Y por eso ese medio país que lleva años pidiendo la paz esperaba y reclamaba la prolongación del acuerdo.

Pero el Ejército de Liberación Nacional, sordo a ese clamor, inmerso en su ensimismada imagen de vanguardia iluminada que sólo se escucha a sí misma a la vez que pretende hablar en nombre de “la sociedad”, decidió reanudar sin tardanza sus acciones terroristas: seis agentes de la Policía fueron asesinados en Barranquilla, no en combate, sino en un cobarde episodio de terrorismo; y se dieron varias voladuras de oleoductos que, como es habitual, causaron graves daños al medioambiente.

Pero no es derramando petróleo en los ríos y matando policías, hombres tan de la entraña popular como sus asesinos, como se hace avanzar la revolución social que dice buscar el Eln. Así lo ha probado de sobra medio siglo de su guerra costosa y sin gloria, que por añadidura ha sido contraproducente. Cincuenta años de lucha armada no han dejado más que un rastro de sangre y de lágrimas, de desplazamientos forzados en el campo y de destrucción ecológica en los ríos y en las selvas. Y de ello sólo ha salido fortalecida la reacción retrógrada, buena conocedora –ella sí– de sus propios intereses, en tanto que resultaban debilitadas las fuerzas de la izquierda democrática.

Los abajo firmantes consideramos que es hora de parar semejante insensatez, tan asesina como suicida. Y le exigimos al Eln que, cuando se reanude la Mesa de Conversaciones de Quito suspendida por el Gobierno en respuesta a los atentados guerrilleros, vuelva a ella con la seriedad que hasta ahora no ha mostrado: con la intención sincera de abandonar sus armas manifiestamente inútiles, que hoy se han convertido en un estorbo para la construcción pacífica de la deseada justicia social en Colombia”.

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