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El escritor inglés Martin Amis presentó su último trabajo, una sátira llamada Lionel Asbo: sobre el estado actual de Inglaterra, ante la audiencia del Hay Festival en Gales, el pasado fin de semana.
Respondiendo a las agudas preguntas de su entrevistadora, Amis desarrolló lo que podría llamarse su concepción de la literatura.
El concepto Amis de la literatura tiene dos partes. La primera parte tiene que ver con su gestación. En contraste con las nociones románticas que atribuyen el ejercicio de la escritura a una combinación entre inspiración y opción subjetiva de temas, personajes y acontecimientos, Amis sostiene que son estos los que eligen al escritor. Si éste logra evocar dichos temas e invocar las voces que buscan aparecer a través de él, la novela tiene lugar. En tal sentido, sería incorrecto hablar de ‘opción’ a la hora de describir la actividad del escritor o el origen de su escritura.
La segunda parte tiene que ver con la relación entre escritura e historia. Según Amis, la novela sigue al poder. Así por ejemplo, la novela británica sería la más representativa del largo siglo XIX —piensen en Dickens o Conrad—, así como la novela estadounidense ha dominado la segunda parte del XX. Ambas literaturas se dedicarían hoy a trazar las diversas trayectorias descendentes de sus respectivos imperios en decadencia. De allí el tono y los personajes de las novelas de Amis, desde Dinero hasta Lionel Asbo. “En el 2040”, dijo Amis, “estaremos leyendo la novela China”.
Puede verse por qué se lo considera una de las voces más perceptivas de la literatura europea actual. Sin embargo, hay algo paradójico en la concepción de Amis. Hablar del autor y la escritura como un conducto de fuerzas externas es describir un caso de posesión mágica, lo que parece contradecir el realismo por el cual milita. Y a pesar de su aparente realismo, la relación entre novela e historia que defiende Amis es análoga a la filosofía de la historia más idealista que percibe a la violencia y el poder como decisivas en última instancia, y a la escritura como secundaria y hasta servil frente a ellas.
Literaturas enteras son expulsadas de esa historia. La hispanoamericana o la africana. La relación entre ellas y el poder ha sido, desde Cervantes y Guamán Poma hasta García Márquez y Fanon o Achebe, también la nueva generación de escritores, bastante más contradictoria. Lejos de ser serviles, estas literaturas se ocupan del servilismo como un efecto causado por la esclavitud y la opresión, lo denuncian y buscan inspirar un cambio. Amis rechazaría esta posibilidad. Con todo, es aquí, en el contraste entre la imagen de una Europa inmóvil y sin potencia, según Amis, y la periferia en flujo que es ya su centro aunque no se lo quiera ver, como lo expresan las literaturas que su concepción desconoce, donde se juega el destino de la escritura por venir.