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Caro y malo

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Ni bueno ni bonito, esto en Quito fue caro y malo.

La peor selección de Colombia de los últimos tiempos, un equipo sin elaboración, sin fútbol asociativo, sin poder de reacción, defendiéndose a la topa tolondra, con la ley de la montonera siempre presente, carente de conducción en el pre, durante y post del partido, una reunión de jugadores sin el menor atisbo de noción colectiva. Y todo esto diez veces más caro de lo que costaban los anteriores mandatos.

Si en Lima se jugó mal pero se consiguió el resultado con un pírrico gol que maquilló el pésimo funcionamiento y el discretísimo planteo táctico, en Quito no llegó ese golcito de la buena suerte y al equipo se le vieron las costuras y al técnico se le asomaron las arrugas. Los ‘resultadistas’, esos que dijeron en Lima que lo que importaba era sólo el triunfo sin mirar el cómo, deben tener presente siempre que el fútbol premia al que hace las cosas bien y que ganar pariendo borugos se da una vez por suerte, por pura ‘arepa’ como en Lima, pero que al final la falta de ideas, talento, juego colectivo, noción táctica, termina conduciendo al fracaso y por ende a la desazón como sucedió en Quito. Y no se trata de jugar bonito, se trata de jugar al fútbol, algo que no hizo Colombia en la capital ecuatoriana.

No puede pretender el técnico que el público y la prensa olviden el resultado y el funcionamiento y tengan hoy mirada alegre tras el partido del domingo. Pékerman lleva cinco meses haciendo su santo capricho, se le ha dado gusto en todo, ha puesto todas las condiciones, dispuso de más de 15 días para armar un equipo confiable y la selección salió con un chorro de babas.

La defensa le pega de punta para arriba, no existen coberturas, no hay funcionamiento y el gol de Benítez desnuda la falta de trabajo. Primero lo dejan centrar desde un costado, segundo no hay referencia en la marca de los centrales, tercero hay desatención para rechazar, cuarto el portero se queda pegado y quinto creen arreglarlo todo pidiendo fuera de lugar.

Cuando se requirió testosterona, este equipo fue paliducho, tibio, sin sangre. Cuando se necesitaba un poco de talento para intentar jugar a la pelota, nunca tuvo capacidad para elaborar, para manejar la bola, para llevarla hacia adelante y tirarle un céntrico a Falcao. Cuando eran indispensables la mano y la voz del técnico en variantes de hombres y planteo, un misterio absoluto pues nunca se supo lo que quería hacer.

Se les vieron las costuras y las arrugas, al equipo y al técnico… y todo diez veces más caro.

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