Sobrevivir: sobre la creación teatral en tiempos de confinamiento

Una reflexión sobre el acto de crear y otras preguntas fundamentales que un joven director, actor y dramaturgo se plantean en época de cuarentena.

Escena de la obra Venecia (o afuera no para de llover), una  pieza  que habla sobre la espera, la vulnerabilidad del ser humano y el confinamiento,  creación de Moisés Ballesteros. / Cortesía
Escena de la obra Venecia (o afuera no para de llover), una pieza que habla sobre la espera, la vulnerabilidad del ser humano y el confinamiento, creación de Moisés Ballesteros. / Cortesía

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“Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía sobre la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de quienes desatendían los consejos y suplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda que la enfermedad solo se trasmitía por la boca. Y todas las cosas de beber y de comer estaban contaminadas de insomnio. En esta forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizo la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”. Cien años de soledad, Gabriel García Márquez.

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Luchar parece una palabra realmente dramática para abordar el sentimiento desde el que cada quien resuelve su encierro. Estamos confinados, casi todos, y esta condición de retiro nos moviliza, inevitablemente cambia nuestra relación con el mundo. Somos, ya se ha dicho muchas veces, Macondo luchando contra las premoniciones de un libro que parece atravesarnos como las profecías de Melquiades en los viejos y empolvados manuscritos. Por eso luchar es una palabra que puede calar bien entre nuestros muy dramáticos estilos de vida. Es cierto que no todos habitamos este tiempo desde la misma condición de privilegio y es cierto que no todos padecemos de ansiedad en los mismos grados, pero para la salud mental de un gremio como el nuestro, que siempre está en un constante movimiento, que suele llevarse el trabajo para la casa, no como una obligación tanto como por una condición natural a nuestro oficio (Trabajamos con emociones), parar parece no ser una opción y no hablo de estrategias de sostenibilidad económica. 

Sí, es claro que un gran sector se pregunta por la forma en que sobreviviremos a esta etapa tan desconcertante. Pero sobrevivir, para nosotros, no implica nada más tener asegurado el peso con el que se compra el mercado o se pagan las rentas. Sobrevivir es un asunto de salud mental que asociamos sin querer a la necesidad de seguir narrando la vida, por ello, no es que algunos sectores estén intentando reinventar el concepto del teatro o la forma de consumir el arte, no, se trata más bien de un modo de continuar con el movimiento natural de nuestro espíritu creador. Algunos somos mas invisibles porque la creación tiene, siempre tendrá, aristas que son más silenciosas y anónimas, como la de escribir, pero para aquellos para los que la creación depende del cuerpo, lograr conexiones con el otro es inevitable y válido.

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Por estos días en los que las redes sociales son más hostiles que de costumbre; todos, con tanto tiempo para el debate, caemos, lo digo en plural porque también he sucumbido al deseo de rebatir una que otra idea sin mayor argumento, en la invención de guerras por cualquier punto. Y proferimos discursos llenos de polémicas que mañana nos parecerán tan tristes como ingenuas. ¿Que si lo que pasa por estos días es teatro o no? ¿que si el teatro está muriendo? ¿qué por qué las mentes más extraordinarias de una generación necesitan poner un punto para saber qué electrodoméstico son? Tantas preguntas y tantas respuestas de tan diversas índoles que parecen una escalera de Penrose, sin salida. Sin duda alguna cuando vemos un Othelo sobre la mesa, podríamos señalarlo y decir, eso es teatro y no habría duda de que es así, pero allí no hay contacto entre alguien que se presenta y otro que asiste a su gesto, de modo que el concepto puede expandirse más allá de la idea de la representación.

¿Que si el teatro ha muerto? El teatro siempre está muriendo y siempre aparece en el panorama un Bretch o un Valle Inclán para salvarlo, no podría decir quién es el Chejov de nuestra época que habrá de rescatar una generación confinada, pero sé que la resistencia nos mantiene en movimiento y el movimiento es vida. Nuestras preguntas rondan, siempre la obra de arte debe ser una pregunta, más que una repuesta, de modo que si hay que decir algo sobre este momento es que hacer sigue siendo la respuesta. ¿Cómo?, ¿qué cosa? El tiempo ya nos dirá cuáles son las conductas que nos harán patéticos y cuáles, las que estaban llenas de poesía. No paren, lo que estén haciendo, no paren de hacerlo.  

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