
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Ubicación: Calle 70 #6-37, en la Zona G de Bogotá.
1. Ambiente
Una casa blanca de puerta rosada, que sobresale en la cuadra. Cada pared tiene un color y textura distinta. Una aguamarina de rombos, una verde de hojas y rosada de flamencos. Todas hacen juego con sofás de terciopelo. Es un sitio iluminado que produce la sensación de familiaridad. Es como si alguna vez hubiera estado ahí.
2. Servicio
El personal es atento, pero quizá se sorprenda y sea atendido por uno de sus propietarios. Javier Vicoria, un español amante de la comida, le explica la carta de principio a fin, el concepto de ‘comida para el alma’. Y así como en casa de la abuela, le van trayendo comida y más comida. Es necesario ir con el apetito preparado.
3. Postre estrella
Confieso que mi debilidad y delirio son los postres. Fue lo primero que ubiqué en el menú en cuanto me lo pasaron. Hay varias opciones, pero ya tenía claro qué iba a pedir: la bola de chocolate marmolado rellena de helado de milo y fresas. ¡Es para morirse de gusto! Sin duda, no se puede ir son probarlo.
4. Para probar
No es un menú amplio, pero hay para varios gustos. Pastas, ensaladas, carnes y pescados. Comencé por las empanadas de la Nani Margo –nombre inspirado en la abuela de la chef-. Vienen cuatro pequeñas y son para chuparse los dedos. De plato fuerte recomiendo el salmón sellado con miel y limón en una base de puré de papa. Todo está servido en platos de flores que evocan la niñez.
Para el bolsillo:
No le va a doler pagar la cuenta. Encontrará entradas desde $12.000 y platos fuertes a partir de $26.000.