Publicidad

¿Menú de degustación? No, gracias

Doña Gula
08 de junio de 2012 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

En los avatares de la gastronomía es necesario aceptar que son dos las grandes tendencias que se oponen y a la vez dinamizan la discusión: lo tradicional y lo moderno.

Jamás me he visto enmarcada en el bando de lo tradicional, pues en muchos aspectos de la vida, tanto en el pensar como en el actuar, soy vanguardista; pero desde hace algunos años me siento en oposición con las últimas tendencias de la gastronomía.

Aclaro: no tengo nada contra el modernismo culinario; me parece importante el asunto de la gastronomía molecular; me descresto con los resultados de la cocina a base de hidrógeno; acepto la revolución de las transformaciones en el campo de las consistencias sólidas y líquidas; pero me resisto a aceptar la nueva propuesta de preparar y confeccionar primando el concepto de ensamblaje y diseño en detrimento del buen sabor, o mejor aún, de un sabor evidente. Me explico: en las cartas que nos ofrecen actualmente, fácil es encontrar platos como los siguientes: láminas de serrano sobre mousse de melón con obleas de aceitunas negras.

En principio uno cree que el plato viene con jamón serrano, melón y aceitunas; pero aquello que aparece en nuestra mesa es un remedo de lo enunciado y por lo tanto es necesario poner mucha imaginación y una gran memoria gustativa para aceptar la propuesta; en otras palabras, hay que adivinar. Esto para no hablar de la moda de la deconstrucción; moda que en más de una ocasión me ha exigido pedir instrucciones claras para comenzar a degustar el plato; pues se puede correr el riesgo de comer lo que no se come y dejar a un lado lo comestible.

Hoy en día la moda son los menús de degustación, es decir la oferta de una serie de platos, entre 7 y 10 servicios de la entrada al postre. Se trata de un largo y dispendioso proceso en el cual si bien se disfruta de la variedad, al final del recorrido se necesita tener memoria de concursante para programa de televisión, pues fácilmente se puede caer en la confusión en cuanto al orden de su degustación, sus sabores y sus nombres. Añoro entonces los menús de máximo 5 o 6 servicios, cada uno de ellos avalado por una propuesta sólida del sabor que enuncia la carta en otras palabras: cuando me sugieren espárragos al limón, me llegan espárragos con deliciosa mantequilla al limón; cuando me dicen consomé al jerez, me llega un caldo de sustanciosa proteína animal con insinuado y preciso toque de jerez; cuando me proponen medallones de solomito en salsa de champiñones, me sorprenden un par de dados de carne cuyo corte y salsa son incuestionables.

Me encanta observar a las nuevas generaciones de chefs y sus incursiones en el mundo de la nueva mesa; sin embargo, considero que muchos están trabajando por sobresalir con platos cuya estructura estética tenga reconocimiento, antes que lograr algo sublime en cuanto al sabor; todo lo anterior se deriva del auge que ha tomado el menú de degustación. Afortunadamente, las modas pasan.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido