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Por desgracia, actos de violencia extrema y brutal que horrorizan a toda la sociedad son los que llaman nuestra atención, nos unen y ponen un dedo en la llaga para mostrar una situación que no es única, ni nueva, y que se repite diariamente en nuestro país. No sólo en el ámbito público de nuestras calles, sino también en el privado de los hogares colombianos.
La violencia contra los más débiles, en términos de abusos físicos y sexuales, no es nueva y poco se conoce de esa realidad que se da a todo nivel. Lo que pasa es que las denuncias de ultrajes y abuso son escasas; los abusados no quieren que sepan de su agravio y/o no se sienten bien en comisarías generalmente manejadas por hombres.
En lo privado, y en el caso de la violencia sexual, la mujer se siente degradada y no quiere que sus vecinos conozcan su desgracia. Generalmente, como pasa con los niños, o hay algún familiar o conocido de por medio que tapa esa deshonra o las víctimas son amenazadas. En el ámbito público sucede diariamente en las calles, en los buses, en los parques. La seguridad en nuestras calles es deficiente, el alumbrado público no es bueno y la oscuridad reina y de alguna manera la noche es así cómplice de la violencia.
Todo esto nos debería llevar a pensar que en esta sociedad donde la investigación de las autoridades no es buena, donde la justicia es lenta y muchos crímenes se quedan en la impunidad, es bueno repensar fuertes castigos: como la cadena perpetua para violadores, no sólo de niños, sino de mujeres; penas mayores para aquellos que violentan físicamente a las mujeres, niños y ancianos. El temor a un castigo fuerte es fundamental como una forma de prevención. Igualmente, es necesario pensar en una infraestructura física más amable con alumbrado, más policías en la calles, con comisarías y centros asistenciales con más mujeres que entiendan la situación en la que llega la abusada. Con redes, con mujeres taxistas como hay en muchos lugares del mundo. Es necesario más educación, más valores, más ejemplo.
La violencia en general se viene tomando a nuestro país. La agresión es la mejor forma de resolver la diferencia y es necesario buscar mecanismos de denuncia y de prevención. Se podrían usar las redes sociales para que las mujeres o niños denuncien y cuenten su historia anónimamente y se busque, con estas y otras formas de prevención, tener mejores condiciones de seguridad.