Un remedio tóxico

David Yanovich
22 de abril de 2020 – 12:23 p. m.

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Según Bogotá como Vamos, el 37 % de los bogotanos usa Transmilenio como medio de transporte. Según la alcaldesa, no se pueden abrir los sectores de manufactura y construcción al tiempo por el riesgo de contagio en los desplazamientos.

La alcaldesa ha dicho que entre las actividades de construcción y manufactura hay 736.000 personas empleadas en Bogotá. Supongamos que el 100 % de esas personas sale a trabajar, y supongamos que el 50 % –no el 37%– usa Transmilenio. Es decir, 368.000 personas. El resto utilizará otros medios mucho menos riesgosos en términos de contacto, como son la bicicleta, caminar, vehículos particulares, transporte público individual, entre otros.

Por otro lado, según cifras de Transmilenio, el sistema transportó alrededor de 2,3 millones de personas en día hábil durante febrero de 2020. A partir de la cuarentena, según cifras publicadas en los medios, alrededor de 190.000 personas utilizan el sistema al día.

Finalmente, la alcaldesa ha dicho que el sistema debe operar al 35 % de capacidad. Es decir, transportar como máximo, durante un día hábil, unos 805.000 pasajeros. Si sumamos las personas que utilizan Transmilenio durante la cuarentena, más los potenciales usuarios por la reactivación de construcción y manufactura, tenemos un total de pasajeros potenciales de 558.000 personas, alrededor de 145.000 personas menos que la capacidad límite indicada por la misma alcaldesa. Y esto suponiendo que el 100 % de los trabajadores de esos dos sectores sale a trabajar todos los días.

Esta capacidad, además, se puede seguramente manejar con horarios para aplanar picos en el sistema, procurando mantener siempre una holgura sobre la capacidad techo definida por la alcaldesa.

Hay que buscar cómo generar el mayor bienestar y esperanza posibles a una población desesperada y asustada, con realismo y sin expresiones que generan más miedo y confusión que cualquier otra cosa. Abrir la ciudad de manera paulatina, con todos los protocolos de cuidado necesarios para hacerlo. Vigilar que esos protocolos se cumplan en Transmilenio no es difícil ni complejo. Las empresas también tienen todo el incentivo para hacer que sus empleados los cumplan, so pena de recibir sanciones por no hacerlo o, en el peor de los casos, de seguir cerradas.

Hoy la decisión fácil es mantenernos a todos encerrados, mantener el status quo, mostrando una enorme desconfianza en la capacidad de la ciudadanía de autorregularse. Habrá algunos que, por supuesto, no lo harán, pero es posible saber dónde está la mayoría de los que no cumplen, y saber qué debe hacer con ellos.

El monitoreo constante de las unidades UCI y su capacidad son un elemento bastante más efectivo para volver a decretar un aislamiento obligatorio como el actual, muchísimo más que el estimado riesgo de contagio por desplazamientos.

Sin duda es más difícil implementar protocolos de vigilancia y cuidado que todos los ciudadanos debemos seguir y hacerlos cumplir. Pero hay que hacerlo. La alternativa del encierro no es viable por mucho más tiempo, desde ningún punto de vista. Hasta en los países con mayor problema de contagio se dieron cuenta de ello.

Ojalá el remedio no resulte siendo bastante peor que la enfermedad.

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