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The Economist ha publicado en días pasados un interesante libro cuyo título es The World in 2050.
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En resumen los editores afirman que en 2050 el mundo será más rico, más sano, más conectado, más sostenible, más productivo, más innovador, mejor educado, con menores desigualdades entre los países ricos y los pobres y los hombres y las mujeres, y con más oportunidades para miles de millones de personas. El mundo con certeza va a ser más urbano (el 70% vivirá en poblaciones y ciudades comparado con el 50% hoy en día), considerablemente más viejo (la edad media va a aumentar de 29 a 38 años), y más africano (más o menos la mitad de los 2.300 millones de nuevos habitantes estarán es ese continente).
Los principales cambios que probablemente van a ocurrir son:
– En buena parte de los países con mayor número de habitantes, como Japón a partir de 2010, las poblaciones se mantendrán estables y probablemente empezarán a disminuir. China llegará a su máximo crecimiento demográfico en 2025, disminuyendo su población a partir de ese año. Aun la India llegará a la cima demográfica en 2060, cuando tenga 1.700 millones de habitantes. En el año 2000, Europa y el África subsahariana tenían aproximadamente el mismo número de habitantes; para 2050 la población africana será tres veces el tamaño de aquella en Europa.
– En términos socioeconómicos los cambios más dramáticos se van a dar en la relación entre el porcentaje de la población económicamente activa y entre aquellos que se denominan dependientes. Hoy en día la China tiene 7,9 personas en edad de producir (edades entre los 20 y 64 años) por cada persona por encima de los 65 años. En el 2050, sólo va a tener 2,2. Japón, el país con más “canosos” del planeta, tiene 2,6 trabajadores por cada pensionado. A nivel mundial los dependientes, en relación a los que trabajan, van a seguir aumentando.
– El PIB chino, de acuerdo con un reciente estudio de Goldman & Sachs, va a estar por encima de los 70 trillones de dólares, un 80% por encima de Estados Unidos. De darse esta proyección, EE.UU. será el único país del llamado G7 que va a seguir perteneciendo a la lista de los siete países más ricos del mundo. Los otros países que van a formar parte de este selecto grupo son India, Brasil, Rusia, Indonesia y México.
– Tanto la industria como la agricultura, a nivel global, van a pasar a ser una parte porcentual menor del PIB de cada país. Lo anterior no implica que van a ser más pequeñas, sino que el sector servicios (como ocurre en los países más desarrollados) será cada vez más importante. Como regla general, a medida que aumenta el poder adquisitivo de la población, los consumidores gastan menos porcentualmente en comida y bienes, y más en servicios. A su vez este fenómeno va a acelerar el relativo declive, a nivel global, de los sindicatos. Sindicalizar las industrias suele ser más sencillo que sindicalizar los servicios. En Estados Unidos, de haber tenido una penetración del 30% del mercado laboral, los sindicatos hoy en día no representan más del 6,9% de los empleados.
– En el campo de la desigualdad se verán dos fenómenos: el primero es que va a mejorar sustancialmente el coeficiente Gini entre las naciones, que un economista estima en 0,65. Esta desigualdad va a disminuir dado que un porcentaje importante de países emergentes va a formar parte de la “clase media” estatal. Adicionalmente es posible, dada la globalización y las mejores prácticas macroeconómicas, que el índice Gini en los países emergentes mejore como ha ocurrido en Brasil, pero siga empeorando en algunos países desarrollados, como Estados Unidos, Suecia, y Alemania. Los altos índices de desigualdad retardan el desarrollo en los países emergentes. Sin embargo, la renovada desigualdad en los países ricos no parece afectar su crecimiento.