El presidente Duque en relación con el Eln: ni raja ni presta el hacha

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Por: Luis Eduardo Celis* 

Hay en curso una pandemia, de la cual no sabemos los estragos que va a dejar en Colombia, lo cierto es que es de la mayor gravedad y que tiene conmocionado al país. En estas circunstacias el Eln tuvo la iniciativa de declarar un cese unilateral de sus acciones armadas desde el 1 hasta el 30 de abril. Esta estuvo precedida por pedidos en ese sentido de comunidades donde hace presencia esa guerrilla, por líderes sociales y políticos y por el llamado del mismo Secretario General de la ONU, el Sr. Antonio Guterrez, a parar las confrontaciones ante la pandemia. En ese contexto se dio este cese unilateral por 30 días el cual va por la mitad de su temporalidad.

La respuesta del gobierno del Presidente Ivan Duque, desde el Alto Comisionado de Paz Miguel Ceballos, no puede ser más decepcionante. Sus palabras han sido: “es tardío e insuficiente”. Para el gobierno que el Eln haga este gesto no le ha significado ninguna valoración positiva, ninguna postura de buscar un camino ante una situación tan delicada como la que se vive en materia de salud pública y que no se va a superar el próximo 30 de abril. Es incierto cuando podamos decir que este COVID-19 ha dejado de ser una amenaza. Con seguridad, y espero equivocarme, en los próximos meses vamos a ver situaciones dramáticas en las zonas más alejadas en donde permanece el Eln. Se habrá desaprovechado por parte del gobierno una posibilidad de crear mejores condiciones para atender esta pandemia.

Hay un conflicto armado por resolver. El ELN se mantiene en 120 municipios de las regiones más pobres y desarticuladas, con precarias o nulas infraestructuras en salud y en comunicación, donde las poblaciones más pobres, si el virus llega, no tendrán condiciones adecuadas para enfrentar este desafío. Esa sola razón debió mover al Presidente Duque a considerar alguna alternativa frente al Eln, pero no. Su respuesta ha sido tajante: es tardío e insuficiente. Se requiere que el Eln haga esto y lo otro, que haga suspensión definitiva del secuestro, que haga suspensión definitiva de sus acciones, todo eso es loable, ojalá tuviéramos una varita mágica para resolver este conflicto, pero la dura realidad es que es un conflicto que deben resolver entre dos y lo que el gobierno le plantea a la guerrilla esta lo ve como imposiciones inadmisibles. Ahí el conflicto sigue y el sufrimiento de las comunidades donde permanece esta violencia, que a veces es riachuelo de sangre y en otras torrentes, como los tristes hechos de la Escuela General Santander en enero del año pasado.

El Gobierno del Presidente Iván Duque, como los últimos once presidentes que le han precedido desde el gobierno de Guillermo León Valencia, cuando surgió el Eln en el ya lejano año de 1964, no podrá ni controlar y mucho menos derrotar a una guerrilla que ha sido capaz de mantenerse como una fuerza viva en muchos territorios y comunidades. Esa es la dura realidad que este gobierno no es capaz de resolver.

No hay que pedirle peras al olmo. Este gobierno no tiene interés en una mesa de diálogos y negociaciones con el ELN, eso está más que claro con su respuesta ante el cese unilateral. No es de su interés abrir una puerta que el centro Democrático no quiere abrir. A ellos, como partido de gobierno, lo que les interesa es la rendición de la guerrilla y todo parece indicar que esta alternativa no es viable para un grupo rebelde orgulloso de su historia y que está tranquilo en muchas zonas donde permanece con raíces y presencia importante en el territorio. Súmele a eso su presencia en Venezuela, que les da reposo y tranquilidad.

Si el Gobierno de Duque no abre un espacio de distensión con el Eln debe atender las urgencias humanitarias de las poblaciones donde este conflicto armado permanece. Debe dar garantías serias y creíbles a las comunidades de Arauca, Chocó, Catatumbo, Pacífico Caucano y Nariñense, entre otras, para cuando la pandemia llegue allí y afrontar este desastre de salud pública que se les va a sumar a sus ya duras condiciones de vida.

Como la pandemia no termina el 30 de abril, bien haría el Eln en prorrogar su cese unilateral. Eso hablaría de que hay sensatez en una de las partes. No es debilidad, sino responsabilidad.

*Luis Eduardo Celis es analista de los temas del conflicto armado y sus perspectivas de superación.

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