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Recae la economía

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El crecimiento no era sostenible y había síntomas que lo demostraban. Sectores como el automotor, uno de sus soportes, se caracteriza por grandes fluctuaciones.

Como lo anticipamos en forma reiterada, el elevado crecimiento de la economía colombiana no era sostenible. Se fundamentaba en el elevado dinamismo de unos sectores, como los automóviles y la construcción, que se caracterizan por las grandes fluctuaciones. Por lo demás, advertimos que la crisis mundial se percibía por la vía de las exportaciones de manufacturas y, mas grave, por los precios de los productos básicos.

La elevada tasa de crecimiento de la economía en el año 2011 se originó en la burbuja de la inversión extranjera y la revaluación. La entrada de capitales provocaba la revaluación de tipo de cambio y una ampliación del déficit en cuenta corriente que daban un amplio margen al déficit fiscal y a la expansión del crédito, que disparaba el consumo de vivienda y automóviles. Sin embargo, el proceso no era sostenible. La revaluación y la expansión del crédito no podían seguir indefinidamente. En efecto, a principios del año mostré cómo la burbuja se desinflaba por el cambio en las condiciones mundiales y por el propio agotamiento.

Así lo confirmó la información del primer trimestre divulgada recientemente. La producción industrial creció 1,8% con respecto al mismo período del año anterior, las licencias de construcción bajaron 20%, las ventas del comercio han venido descendiendo mes por mes y la agricultura no sale del letargo. El crecimiento y el perfil del producto confirman la previsión de que la economía estaba entrando en una trayectoria de crecimiento de menos de 4,5%.

Infortunadamente, esta realidad no se ha entendido. De nuevo fallan las previsiones oficiales. El Banco de la República y el Ministerio de Hacienda insisten en tasas de crecimiento del 6% y en restarle importancia a la crisis mundial. Se da por hecho que el crecimiento es determinado por la oferta y que la tasa de un año tiende a replicarse en el siguiente. Las cosas son muy distintas en las economías burbuja. Las grandes bonanzas y exuberancias vienen seguidas de desplomes.

Lo más grave es que se considera que los desajustes de la economía se manifiestan en la inflación y se corrigen con variaciones menores de la tasa de interés. Montados en la falsa premisa, en plena destorcida de la burbuja el Banco de la República procedió a elevar las tasas de interés y el Gobierno a reducir el déficit fiscal, lo que aceleró la recaída en el primer trimestre.

La mayor falencia macroeconómica está en la balanza de pagos. El déficit en cuenta corriente ha venido aumentando sistemáticamente y en el presente año llegará a US$11.000 millones, algo así como 4,0% del PIB. La economía queda expuesta a un exceso de ahorro sobre la inversión que no es fácil de subsanar. Las políticas fiscales y monetarias compensatorias no son sostenibles. Las economías quedan expuestas a caídas frecuentes que interfieren con la producción y el empleo.

La coyuntura mundial torna altamente vulnerable el esquema de revaluación. La caída de las exportaciones industriales, el descenso de los precios de los productos básicos y la reducción de los flujos de capitales generarán fuertes presiones de devaluación. Las acciones de las autoridades monetarias para contrarrestarlas y evitar la inflación elevando las tasas de interés ocasionarían serios efectos recesivos. Se repetiría el error de las recesiones de 1999 y 2010, que todavía no se han entendido.

La solución no puede ser distinta a una nueva visión que reconozca que el crecimiento es determinado por la demanda y está expuesto a choques externos que no pueden ser corregidos por la tasa de interés. Quiérase o no, se requiere un manejo que le conceda prioridad al tipo de cambio, la producción y el empleo y opere con metas de inflación más flexibles.

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