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Los niños de la comunidad wayuu El Ahumado —en el corregimiento de Camarones, Riohacha, La Guajira— nunca habían visto, tocado y sentido un computador.
Cuando tuvieron el primer contacto con uno, alguien les corregía que “no dijeran computador si no portátil”, pero qué podría importar en esos momentos la aclaración, si era un COMPUTADOR: en mayúscula, en vivo y en directo, tan real que se reflejaban en esos ojos grandes y brillantes de estos niños, quienes con sus bocas abiertas y rostros atónitos mostraban su asombro. Sensación que fue causada a pesar de no estar encendidos los más de 10 portátiles que habían sido entregados por el programa del Ministerio de Tecnologías de la Información y Comunicación (Mintic), “Computadores para Educar”.
El departamento de La Guajira era uno de los más rezagados en cuanto a equipos de cómputo por estudiante. Hoy, en sus sedes educativas, hay 22 niños por computador. En 2001, cuando comenzó el programa “Computadores para Educar”, se registraban 335 estudiantes por cada computador.
Después de observarlos con detenimiento y respeto, todos estaban de acuerdo con que el tal aparato era anacho —hermoso en lengua wayuunaiki— y lo repetían en coro una y otra vez.
Pero Gael, un niño de la comunidad, con valentía dijo: “Pensé que eran más grande. Una vez yo vi uno muy, pero muy grande por la televisora”, al mismo tiempo que sus manos recreaban un cuadrado gigante del tamaño de una lavadora. Entonces, Guadalupe, una niña de 10 años, a la vez que acariciaba la pantalla de uno de los portátiles, expresó que le parecía memishaya, es decir, muy huesudo. “Pero no importa, como ustedes nos trajeron computadores yo comparto esta galleta”, aseguró mientras que la galleta era repartida entre varias personas.
Una hora antes, a la entrada de la trocha que conduce a la ranchería El Ahumado, 20 kilómetros al suroccidente de Riohacha, a lo lejos se veía un grupo de niños y mujeres wayuu que, impacientes, asomaban de vez en cuando sus narices a la orilla de la Troncal del Caribe para ver si por fin llegaban las camionetas que transportaban a un grupo de arijunas (hombres blancos) del programa “Computadores para Educar”, quienes en una ocasión habían prometido traer a sus ranchos una máquina extraña que los conectaría con el mundo y les daría la posibilidad de atesorar su historia y la tradición oral enseñada por sus antepasados, un computador portátil.
Estaban allí a la expectativa, aguardando el asombro que les irá a despertar lo desconocido para ellos y que para otros es lo rutinario, bajo el techo de un intenso sol que ya próximo al ocaso de este día se negaba a dejar de brillar.
En este punto el recorrido apenas comenzaba. A los intrépidos visitantes les tocaría probar sus habilidades como scouts en medio de plantas espinosas, cangrejos y el agua que llegaba hasta las rodillas, en el caso de los más altos. Esto durante 25 minutos hasta llegar a la ranchería El Ahumado. Recorrido que fue divertido para más de uno de los habitantes de la comunidad wayuu, quienes no perdían de vista a los arijunas, quienes se las ingeniaban para cruzar descalzos, con cajas llenas de computadores, cámaras y micrófonos al hombro una trocha que ellos han caminado durante toda la vida.
Siendo casi las seis y media de la tarde, momentos antes de que la planta de luz del caserío se apagara durante todo el fin semana hasta el lunes, día en el que empiezan nuevamente las clases de los pequeños, llegaron los visitantes. Agotados por el trayecto, cada uno se dejó atender con una cerveza caliente, a la que una “seño” le añadió hielo y una pizca de sal para evitar el rebote de lombrices.
Mientras tanto, las niñas y futuras matronas de la comunidad se pintaban los rostros entre sí y otras practicaban los pasos típicos de la Chichamaya, baile que ofrecieron en agradecimiento por las donaciones. Se dio paso a las demostraciones culturales y a la entrega formal de los computadores a las 57 familias que allí habitan.
Los niños se abalanzaron a los portátiles, los cogían, miraban, tocaban y acercaban sus oídos a ver si éstos les decían algo. Unos más atrevidos, quienes pasaron a la historia como héroes en esta comunidad, se atrevieron a abrirlos y a imitar el movimiento de los dedos en el teclado.
Isabel Uriana, profesora del centro etnoeducativo de la zona, quien a pesar de enseñar la tradición wayuu combinándola con el saber occidental de las matemáticas y las ciencias naturales, advierte: “Que estos computadores no llegarán a dañar nuestra cultura. Aquí serán utilizados para que nuestra historia trascienda a todo el mundo”.
Esa noche los niños de la comunidad wayuu, de la ranchería El Ahumado, no durmieron. Todos pasaron en vela admirando y reconociendo los nuevos integrantes de su comunidad, los computadores portátiles.
Rancherías con computador
El programa “Computadores para Educar” fue el encargado de llevar a las tres sedes educativas públicas de la capital de La Guajira los equipos para que más de 400 niños de la comunidad wayuu tengan acceso a la tecnología.
En el evento estuvieron la viceministra de las Tecnología de la Información y la Comunicación, María Carolina Hoyos Turbay, y la directora de “Computadores para Educar”, Martha Castellanos, quienes visitaron el Centro Etnoeducativo El Arroyo, sede El Ahumao 1, y luego se trasladaron con el gobernador del departamento, Jorge Eduardo Pérez Bernier, a la sede Puerto Caracol, de la institución Las Delicias. Con este aporte el programa gubernamental llega al 100% de los municipios de este departamento.