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Woody Allen dice que no tiene ninguna obligación con el futuro, pues éste no le ha hecho ningún favor.
Desconfío de quienes afirman que pueden predecir el futuro y cobran por este don. ¿Por qué no lo utilizan por ejemplo para comprar lotería, o al menos chance? Algunos afirman que pueden hablar casi a diario con Dios en una comunicación de doble vía. Cuando se les pregunta qué les dice, responden con un rosario de lugares comunes propios de los libros de autoayuda o de las cadenas de oración. Una conversación con el Creador debería aprovecharse para preguntarle sobre un hecho cierto, por ejemplo la fecha de la conversión de La Niña en El Niño, y así estar preparados para el paso del invierno a la sequía, o cuál es la próxima secuencia ganadora del Balotto, ofreciéndole que un porcentaje significativo del premio se destinaría a obras pías.
Los fenómenos naturales y los comportamientos sociales son complejos, su modelación matemática corresponde a lo que se denomina “sistemas dinámicos no lineales caóticos”. El error acumulado crece exponencialmente y los resultados no son significativos.
La predicción de precios de materias primas y productos agrícolas es incierta. De no serlo, ninguna entidad tomaría cobertura para reducir los riesgos, y quienes poseyeran las herramientas para calcularlos, sin error, se volverían billonarios en pocos días. Recientemente, el senador Jorge Enrique Robledo denunció que Ecopetrol perdió $810.000 millones por operaciones especulativas. La empresa estimó que el precio del petróleo iba a descender, el precio se comportó en sentido contrario y se vendió a menor precio.
Las bolsas de valores tienen un comportamiento que dista de ser totalmente racional, por eso hay especulación y no sólo análisis financiero. En la película Pi, el orden del caos unos especuladores creen que un matemático desquiciado —¿Nash?— tiene el modelo para predecir el precio de las acciones, lo cual los haría millonarios. El modelo no existe. La idea del siguiente ejemplo se toma de un viejo artículo de The Economist. Se asume que una persona puede predecir diariamente cuál será la acción que se valorizará más en ese día. No requiere poderes adivinatorios que trasciendan las 12 horas, ni necesita saber en qué porcentaje se valorizará la acción.
El primer día hábil de 2011 (3 de enero) invierte $1.000 pesos en la acción CNGC que se valorizó el 2,19%; la vende, y con los $1.021,90 compra ese valor al día siguiente en la acción que él sabe que tendrá el mejor comportamiento. Repite esta operación durante los 248 días que operó la Bolsa de Bogotá. Al finalizar el año tendría una fortuna de $1.200 millones. El anterior rendimiento equivale al 5,8% diario durante los días hábiles. Por supuesto, esto no puede ocurrir, pues es imposible predecir con certeza, aun en el corto tiempo de un día, cuál es la acción que incrementará más su valor. Si alguien tuviera ese modelo que la teoría de sistemas deduce que no es confiable, lo aplicaría para su propio beneficio y con una inversión de sólo $63 en dos años sería el hombre más rico de la Tierra. La acción que tuvo la más alta valorización en un día en 2011 fue el Banco Santander: 126,7% el 7 de diciembre.
Agradezco al doctor Juan Pablo Córdoba la información que permitió hacer el anterior divertimento.