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Ni tradición sin creación. Ni creación sin tradición. C.F.
Unas notas, a grandes zancadas, sobre esta gran personalidad latinoamericana de los siglos XX y XXI, que realizó, parte sustantiva de su existencia, dentro del contexto de la problemática de la globalización contemporánea. Mi primer contacto con su obra literaria, fue la lectura de La región más transparente, editada por el Fondo de Cultura Económica, hace unos decenios. Después, continué con Aura, La muerte de Artemio Cruz, Terra Nostra, Gringo viejo, La frontera de cristal, La silla del águila, Todas las familias felices, La cabeza de la hidra… y La gran novela latinoamericana.
Pasan los años y, estando estudiando en España, me alegró trabajar su Prólogo al Informe Social de la Cepal que, cuántica y cuálicamente, analizó magnitudes de nuestros atrasos e injusticias en los 90’s.
Posteriormente, y con gran deleite vi, en directo, su magistral intervención en Cartagena con motivo de los 80 años de Gabo. Allí dejó estampado el testimonio de su generosidad y afecto por el amigo y colega.
Y: ¿qué tal la densidad de su “Cuartilla breve para una literatura grande”, a propósito de los 125 años de El Espectador? Ahora, recientemente: cuánta responsabilidad en sus dos últimas entrevistas con Carmen Aristegui en México; cuánto énfasis en el valor que la educación tiene en la renovación y progreso de los pueblos; cuánta conciencia incisiva en la denuncia de la mediocridad de la mayoría de los candidatos a la Presidencia de la República, en el debate electoral actual. Disfruté su vitalidad, manejo de la información, conciencia democrática y responsabilidad histórica con las mayorías mexicanas. Él conoció bien el poder de la palabra y el ejercicio de la libertad creativa.
Se nos fue Carlos Fuentes en la plenitud de su vocación de escritor. ¡Qué bello testimonio para las nuevas generaciones en medio de ciertas superficialidades, inautenticidades y falta de compromiso histórico, con lo mejor de las tradiciones latinoamericanas!
Carlos Fuentes es –en pleno siglo XXI- un paradigma para nuestra juventud sobre las implicaciones que se derivan del saber leer y escribir, con consagración. Gracias por su vida, Carlos; lo seguiremos leyendo, como justo homenaje a su labor.