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Como ciudadano no puedo menos que solidarizarme con los escoltas del exministro Fernando Londoño y, por supuesto, con él y su familia.
Muchas hipótesis se han tejido en torno a estos crímenes. El primero que salió a decir que fueron las Farc fue el comandante de la Policía de Bogotá, quien tuvo que ser desmentido por el presidente.
Noticias Caracol —en primicia— confirmó que se trata de una tenebrosa unión entre ‘Los Rastrojos’, ‘Los Urabeños’ y el frente 47 de las Farc. Es decir, que tienen “cogido” medio país: el Meta, el Magdalena Medio y la región Caribe. Detrás podrían fungir como anfitriones de esta criminal cena, nada más ni nada menos, que el Loco Barrera y el hijo de Ramón Isaza.
Esto quiere decir que en su momento tenía razón el general Naranjo cuando sostenía que esa unión sería el reto mayor en toda la historia de Colombia. Y es claro que eso es así, pues estamos hablando del cartel de Medellín del asesino Pablo Escobar, pero con 20 mil hombres más y con las siguientes fuentes de financiación: minería criminal, extorsión, contrabando y narcotráfico. Estamos pues hablando, tristemente, de que el país enfrentará una lucha que nos hará creer que lo de Escobar era un juego de niños.
Alguien me había dicho frente al rotundo fracaso de las negociaciones de Ralito que se unirían todos los criminales en contra del Estado y de los colombianos, para lograr que los indulten. Las Farc, por un lado felices con sus nuevos socios, y los paramilitares que no se desmovilizaron vengando la extradición de sus comandantes.
Resulta aterrador que quien fuera el presidente de los colombianos por ocho años pretenda ahora sacarle réditos políticos al crimen cometido el martes y quiera hacerle creer al país que este hecho fue perpetrado por el frente 16 de las Farc, cuando el expresidente Uribe sabe que en él recae parte de la culpa, y digo solo parte, de la existencia de este monstruo.
El resto de la culpabilidad nos toca a todos los colombianos que, viendo el crecimiento de este tumor, no hicimos nada para evitarlo, como no lo hicimos cuando Escobar arrancó con sus horripilantes asesinatos. Por eso es aterrador que Uribe, de alguna manera, se solidarice con estas conductas, atacando a Santos, como si durante su gobierno no hubieran atentado en contra de Londoño, volando el Club El Nogal del cual él era su presidente.
Esto obviamente jamás será aceptado por ellos, como tampoco lo es el hecho de que Mancuso haya hecho serias acusaciones que le merecieron al primo de Pablo una columna en contra del periodista Darío Arizmendi. Es decir, ellos siguen en la técnica de asesinar al mensajero, marcándole su frente con una cruz. Ya sabremos para dónde mirar si a alguno de los opositores del gobierno anterior nos pasa algo. Tome nota señor fiscal general.
Notícula: Que haría este país sin La Luciérnaga. Hernán, Gabo, Don Jediondo, El Cuentahuesos y Chaparro, el libretista. Cómo extrañamos a Héctor Rincón.
@Fzuletalleras