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El miércoles promete ser un día importante para la guerra en Afganistán, ya que, según reportes del diario The New York Times (que a su vez cita a un funcionario de alto nivel de la Casa Blanca), el presidente Barack Obama anunciaría el plan de retiro de 30 mil soldados de este país.
De acuerdo con fuentes de la Casa Blanca, en declaraciones al periódico norteamericano, las opciones que Obama estaría considerando van desde sólo sacar 5.000 tropas este año hasta una retirada masiva de 30 mil efectivos en un plazo de 12 meses.
El anuncio llegaría en momentos en que un amplio sector de la opinión norteamericana (incluidos miembros del partido Demócrata; la colectividad de Obama) pide más atención a los problemas domésticos. La guerra en Afganistán cuesta, cada año, alrededor de US$120 billones e, incluso con la mayor retirada de tropas (de 30 mil efectivos), seguiría empleando a casi 70 mil soldados en el país asiático.
Al parecer, la propuesta de un retiro masivo de fuerzas de combate, así como de personal administrativo e ingenieros, tiene el apoyo del asesor de más alto rango de Obama para Afganistán, el teniente general en retiro Douglas E. Lute. Sin embargo, el secretario de Defensa, Robert Gates, ha abogado públicamente por cautela y paciencia a la hora de tomar esta decisión, así como ha insistido en que la mayoría de las fuerzas de combate se mantengan en el terreno para hacerle frente a la siguiente temporada de combates, que se reactiva luego del paso del crudo invierno afgano.
El retiro de tropas, entre otras cosas, podría obedecer al éxito que están teniendo los ataques en el cinturón tribal (un área que incluye parte del territorio fronterizo de Pakistán) con vehículos no tripulados, además de la muerte del líder terrorista Osama bin Laden en la ciudad paquistaní de Abbottabad.
Sin embargo, el optimismo de los oficiales militares (así como la urgencia de los propios problemas, como una tasa de desempleo por encima del 9%) no alcanza para solucionar los problemas de Afganistán que, después de la invasión, la guerra y los billones de dólares en todo tipo de proyectos productivos sigue siendo una economía frágil, con 85% de su población dependiente de la agricultura. Lo que más produce el son plantas de amapola, tanto como para ubicar al país asiático en el número uno del escalafón de países productores de heroína y uno de los mayores consumidores de opio.
La falta de opciones y dinero han hecho que, en medio de las balas, aún haya aldeas enteras en donde el único cultivo rentable sea la amapola, así como el mayor paliativo para las dolencias físicas. Un informe publicado por la revista National Geographic daba cuenta de cómo los 1.400 habitantes de Sar Ab se convirtieron en adictos al opio por falta de un centro de salud.
La amapola ha sido un habitante regular en Afganistán desde hace al menos 300 años y su cultivo ha sido prohibido y permitido por reyes, señores de la guerra y talibanes. Siendo el único producto con una demanda estable (ya que el resto de los cultivos fueron brutalmente destruidos y sustituidos por la producción en otras partes durante la invasión de la Unión Soviética en los setenta), la amapola ha sido la salvación para un país arruinado por la guerra. Hoy en día, su venta ayuda a financiar a los talibanes (a los que también sirvió cuando eran la fuerza legítima de gobierno antes de la invasión norteamericana).
Y es que así la administración Obama mantenga el grueso de su fuerza de combate (casi 70 mil efectivos, el doble de los que había antes del regreso de los demócratas al poder en 2009), la guerra continuará hasta que el campesino no logre hacer seis veces más dinero cultivando amapolas que trigo o melones, según estimativos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos.