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La comunidad internacional aguardaba expectante, pero con desconfianza, el tercer discurso del presidente sirio, Bashar al Asad, desde que empezaran las protestas ciudadanas contra su régimen a mediados de marzo. “Veremos lo que pase hoy. Será interesante (ver) lo que el presidente Asad va a decir, si es que dice algo”, había asegurado la jefe de la diplomacia europea, Catherine Ashton. Y las palabras llegaron y, tal y como se esperaba, las expectativas no se cumplieron.
Desde las aulas de la Universidad de Damasco y ante un grupo de simpatizantes, el líder sirio aseguró que la grave situación por la que está atravesando el país, que tiene a su economía al borde del colapso, fue orquestada desde el extranjero y volvió a denunciar que todo hace parte de “una conspiración internacional”.
Sin embargo se mostró confiado sobre el futuro de Siria. “Las conspiraciones son como las bacterias no se pueden eliminar, sino que hay que trabajar para reforzar la inmunidad contra ellas”, resaltó y acusó a grupos armados, delincuentes y a islamistas radicales de estar detrás de los incidentes que han causado más de un millar de muertos, según diferentes ONG de defensa de los derechos humanos. En ese sentido, al Asad lamentó el derramamiento de sangre inocente y amenazó a los responsables. “Es el deber del Estado detener a los saboteadores y juzgarles, no hay una solución política para los que han tomado las armas”, afirmó.
Con un tono más conciliador que el de las intervenciones anteriores, el presidente sirio anunció la llegada de una nueva etapa para la democracia de Siria. “El diálogo nacional” se llamará esta fase en la que estarán involucrados todos los sectores de la sociedad con la intención de allanar el camino para las tan ansiadas reformas democráticas. “La Constitución será revisada y se cambiarán algunos artículos”, señaló dejando entrever la posibilidad de que el artículo que la supremacía política del partido Baas sea abolido al igual que el Estado de emergencia vigente desde 1963.
De igual forma, recalcó que los cambios serán graduales ya que “después de cinco décadas no se puede dar un gran salto hacia lo desconocido” y resaltó que estos no se llevarán a cabo “en medio del caos y el vandalismo”. Finalmente, anunció que todo el proceso deberá estar listo en septiembre, un mes después de que se celebren las elecciones parlamentarias.
La reacción
Lejos de tranquilizar a la población civil y a la oposición, las palabras de Bashar al Asad parecen haber encendido más los ánimos de todos aquellos que exigen el fin del régimen y la apertura democrática. De acuerdo a la cadena de televisión qataría, Al Jazeera, miles de manifestaciones se abalanzaron a las calles para rechazar nuevamente las palabras de su presidente las cuales tildan de decepcionantes.
Las protestas tienen lugar en Alepo (norte), la segunda ciudad del país, Hama (centro), Latakia (noroeste) y en localidades de las provincias de Idleb y de Rif Damasco, entre otras. Al parecer las autoridades del régimen no han dado pie para nuevos brotes y han vuelto a reprimir las movilizaciones. De acuerdo con la oposición, en Alepo, las fuerzas de seguridad atacaron a los estudiantes y al decano de la Facultad de Ingeniería Mecánica.
La comunidad internacional también ha expresado su decepción por la voluntad del presidente sirio, Bachar al Asad, de mantener su política de represión contra los manifestantes. La ministra de Relaciones Exteriores de España, Trinidad Jiménez, sostuvo que la situación que se vive en Siria es “absolutamente insostenible y trágica” y reiteró su “firme condena” por las víctimas que está ocasionando la violencia empleada. Entre tanto, el canciller sueco, Carl Bildt, afirmó que es “imperativo” que el Consejo de Seguridad de la ONU exprese la “indignación” del mundo ante la continua violencia en ese país. Una posibilidad que viene siendo estudiada por el organismo en las últimas semanas y que no ha podido ser concretada debido a la oposición de Rusia y China, quienes han amenazado con vetar la medida.
Comienza juicio contra Ben Alí
Cinco meses y seis días después de haber sido derrocado, hoy lunes empezó el juicio contra el expresidente de Túnez, Zine El Abidine Ben Alí y su esposa Leila Trabelsi, por homicidio voluntario, abuso de poder, complot contra la seguridad del Estado, malversación de fondos e incluso blanqueo de dinero, entre otros cargos.
Con el banquillo de los acusados vacío, pues la pareja presidencial está en Arabia Saudita prófuga de la justica, desde un principio la diligencia judicial fue controvertida. En una carta del propio Ben Alí, leída por su abogado, el exmandatario negó todos los cargos por los que se le acusa y aseguró que él pretendía regresar de inmediato. Sin embargo, afirma que los pilotos ignoraron sus instrucciones y no abandonaron el reino saudí. Al terminar de leer la misiva, la defensa pidió prorrogar el juicio para poder preparar mejor su estrategia. El tribunal no ha emitido respuesta hasta el momento.