Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Parece ser una verdad que nadie quiere dar por sentada. Las autoridades evitan el tema. Algunas, incluso, lo niegan rotundamente. Los pobladores, ciegos, sordos y mudos. Sin embargo, investigaciones recientes ponen en evidencia que algo fuera de lo común está sucediendo. Los expertos en la materia lo comprueban: los carteles mexicanos han extendido sus redes a Argentina e instalado sus centros de producción en algunas provincias del norte del país.
Así lo demuestra el trabajo hecho por Edgardo Buscaglia, investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), quien afirma que los carteles de Sinaloa y Tijuana y ‘Los Zetas’ tienen asiento hoy en la zona austral del continente.
En una reciente visita a Argentina, el equipo de Buscaglia pudo confirmar que hombres de Joaquín El Chapo Guzmán —el criminal más buscado del mundo tras la muerte de Osama bin Laden— instalaron sus bases en distintos puntos del país, sobre todo en las provincias de Chaco, Formosa y Misiones, donde tendrían establecido los centros de producción de drogas sintéticas y cocaína.
El jefe del cartel de Sinaloa no sería el único en la región, pues la pobreza del sector, dice el investigador, ha ayudado a que el cártel de Tijuana y ‘Los Zetas’ también encuentren un destino de “inversión” favorable para la venta de drogas.
“Sucede algo impensable en México. Los carteles de Sinaloa y Tijuana, enfrentados a muerte por el control de las rutas de narcotráfico en territorio azteca, están trabajando juntos en Argentina”, cuenta Buscaglia.
El fenómeno del narcotráfico en Argentina no es nuevo, aunque funcionarios como el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, insista en negarlo en sus constantes apariciones públicas. “Los carteles colombianos ya tenían participación en ese país desde los años noventa, pero los carteles mexicanos comenzaron a expandirse visiblemente hace cuatro años. Mientras los centros de producción se ubicaron en la zona norte, su manejo patrimonial y de inversiones está muy focalizado en Buenos Aires y en provincias como Córdoba y Santa Fe”, confirma Buscaglia, consultor de la ONU en temas de conflicto y narcotráfico.
Fuentes del Ministerio del Interior confirmaron que “en la provincia de Chaco hay una proliferación notoria del narcotráfico, pues no hay controles suficientes. Es muy fácil ingresar la droga o dirigirla a países limítrofes”.
Según cuenta Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de Argentina, habría sido en 2007, con la llegada al Chaco de la cabecilla del cartel de Sinaloa, María Alejandra López Madrid, como se habrían abierto las puertas para la entrada del cartel.
López llegó a la provincia con la excusa de poner en funcionamiento la Iglesia Evangélica del Nuevo Milenio. En agosto de 2009, un enfrentamiento entre los habitantes del lugar, una de las zonas más pobres del país, y un supuesto pastor mexicano, llevó a las autoridades a investigar.
Identificándose como Jerónimo López Valdez, llegó a reclamar la iglesia como suya, lo que generó disgusto en la población. La Policía argentina comprobó que su nombre no figuraba en los registros de ingreso al país y encontró que en México no existía pastor alguno con ese nombre.
Una fotografía de Víctor Hugo López Valdez (su verdadero nombre), compartida por las autoridades mexicanas, fue suficiente para identificarlo como miembro del cártel de Sinaloa. López fue extraditado y unas semanas después trascendería en los medios argentinos que, en mayo de ese año, la fundadora de la iglesia había sido detenida por las autoridades paraguayas por actividades ilícitas.
Protección política y social
En su investigación, Buscaglia pudo constatar cómo tres iglesias evangélicas –además de la del Nuevo Milenio– han sido penetradas patrimonialmente por el cártel de Sinaloa.
“La situación se da en poblaciones en donde no estaban acostumbrados a este tipo de presencia y donde hoy se observan dinámicas actividades productivas y patrimoniales de carteles mexicanos, que el gobierno argentino no está combatiendo”, dice el abogado de origen uruguayo.
Aunque no descarta que se utilicen las estructuras religiosas para lavar dinero, considera que las organizaciones criminales las usan, sobre todo, para ganarse el beneplácito de la gente y de esta manera garantizar su propia seguridad.
“La situación de penetración tiene los fines típicos que todo grupo criminal tiene para poder protegerse socialmente en determinadas áreas. A veces lo hacen a través de la Iglesia católica y en otras ocasiones utilizan a las asociaciones evangélicas, protestantes. En Centroamérica se valen de las bautistas y evangélicas”, explica.
Los carteles, agrega, establecen centros productivos en lugares donde pueden realizar sus actividades de manera abierta y notoria. “Para ello necesitan dos cosas: la protección política por parte de los gobernadores de estas provincias y la protección social, que implica que la población no los denuncie, no los expulse”.
Ambas condiciones las encontraron en Argentina, país que según confirma Izaguirre se estaría convirtiendo en punto estratégico de envío de droga hacia Europa, principalmente. El informe Mundial de Drogas realizado por la ONU lo identifica también como uno de los países donde más se ha incrementado el consumo de estupefacientes.
“Los carteles están luchando, extienden su guerra en México y de México hacia el extranjero”, dice el analista internacional, quien afirma que la expansión de los carteles mexicanos a 52 países muestra una mayor fortaleza patrimonial. “Cuanto más débiles sean las instituciones en cada país, habrá más riesgo de la filtración del narcotráfico”. Y agrega: “No eligen cualquier país; no se van a Chile o a Colombia a establecer sus bases productivas; acuden a lugares donde hay más impunidad, como Argentina”.
A pesar de las evidencias, desde el gobierno callan ante la situación y ante hechos contundentes, como la presencia de El Chapo Guzmán en suelo argentino. Según trascendió, el narcotraficante habría vivido ocho meses junto a su esposa e hijastra en Buenos Aires. Seguido de cerca por la DEA, habría viajado a Europa, días antes de que pidieran su captura internacional, a principios de marzo, utilizando una identidad falsa.
Buscaglia no tiene certeza de la presencia de El Chapo en suelo argentino, pero tampoco le extraña. Dice que el gobierno está permitiendo activamente la presencia de esos grupos y que eso significa también penetración política por parte de los narcotraficantes.
Desafortunadamente, concluye, las causas en Argentina que investigan la injerencia del cartel de Sinaloa están semiparalizadas, negando la seriedad de lo que llama un “tsunami mafioso”.
El caso Angie Sanclemente
Quizás uno de los primeros vínculos entre el narcotráfico mexicano y el argentino fue Angie Sanclemente. Tras su detención en mayo de 2010 en un hostal del barrio Palermo, en Buenos Aires, la exreina de belleza colombiana fue acusada de liderar una banda dedicada al narcotráfico, que al parecer tenía nexos con un cartel mexicano.
De acuerdo con la investigación judicial, Sanclemente llegó a Argentina el 7 de diciembre de 2009 con la intención de estructurar una organización de tráfico de cocaína hacia Europa y así poner en práctica las habilidades que aprendió de su exesposo, un narcotraficante mexicano conocido bajo el alias de ‘El Monstruo’. Con ese objetivo, la exmodelo se dedicó hasta el momento de su captura a reclutar ‘mulas’.