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La gran escritora colombiana Piedad Bonnett se quejaba el domingo último, en El Espectador, de lo que llama «la repetición de la repetidera», es decir, de la abundancia y el exceso de algunos artistas y escritores colombianos, quienes van cayendo con el tiempo en el autocalco y en la repetición.
Y yo pregunto: ¿a quién no le pasa? ¿Qué artista, por genial que sea, no se repite un poco? Usted escucha, por ejemplo, un fragmento musical de Vivaldi: cualquier concierto de los suyos, y es muy probable que inmediatamente identifique a su autor. ¿Por qué? Porque se repite.
También les pasa a los escritores, por supuesto. ¿Deberían, en determinado momento, silenciarse? ¿Será cierto que, conforme opina el chileno Jorge Edwards, se escribe demasiado, así sea para mantener la fama, la chequera o la vigencia?
Creo que se trata de un fenómeno natural: no somos dioses; es decir, la creatividad humana no es inagotable. Medio en broma medio en serio, el escritor español Wenceslao Fernández Flórez llegó a decir que los crepúsculos eran aburridos porque se repetían siempre los mismos colores.
Y es que ni siquiera somos como el río Duero, del que cantaba Gerardo Diego: “¡Quién pudiera como tú,/ a la vez quieto y en marcha,/ cantar siempre el mismo verso,/ pero con distinta agua”.
Francisco Tostón de la Calle. Bogotá.
Impuestos
¿Que piensan ponerles IVA a productos de la canasta familiar de necesidad primaria? Ni se les vaya a ocurrir, amigos del Gobierno, ahí si nos llevaría “el… que nos trajo”. Busquen más bien la platica en donde está: en la corrupción, en desfalcos, en malos manejos de funcionarios malos administradores del erario. Ahí encontrarán billones; todos lo sabemos, lo sabe usted señor ministro de Hacienda. Estamos de impuestos hasta la coronilla; no más, por favor. Más bien piense en bajar la sobretasa a la gasolina más alta del mundo y optimizar las carreteras para que hagamos realidad que el productor le producirá al país pingües ganancias que hasta ahora se están esfumando en el tiempo perdido en distancias duplicadas por el pésimo estado de vías o intransitables permanentes para extraer productos del campo a donde no llegan ni pueden salir ni las mulas de cuatro patas. Mire bien que la proliferación de cultivos de coca es porque este producto no paga impuestos y es de fácil transporte por “mulas” de dos patas. Si facilitáramos el transporte de productos de canasta familiar legales (sustitutos), acabaríamos con el comercio de la cocaína sin más vueltas.
Fabio Ribero. Socorro.