Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Los hechos curiosos tienen común ocurrencia en el fútbol. La formación del Santa Fe antes de chocar con Real Cartagena incluía un grupo de tres delanteros: Rodas, Cabrera y Copete, así este último tenga más predisposición a ejercer como volante de ayuda por la izquierda.
En la goleada propinada a los cartageneros, 5-0, ninguno de los citados se apuntó con un gol. Fueron conseguidos por Pérez, Roa, Acosta, Bedoya y Cardona, jugadores de líneas posteriores, los cuales deben ser valorados como recursos de los rojos, ajenos al genuino poder ofensivo de sus delanteros.
Con este detalle quedó demostrado que en los equipos de fútbol todos los jugadores están capacitados para convertir goles, por no decir obligados a llegar al arco rival. Por supuesto que no se debe ignorar la incapacidad del rival. El Real Cartagena no llegó a buscar el empate ni cosa parecida. Simplemente demostró que no tenía ambición por ausencia física de ideas ofensivas. Sólo esperar y esperar, y así le fue.
Es lo que llamaría un equipo sincero consigo mismo. Al no saber o no poder atacar, escogió el camino práctico, que era defenderse, a sabiendas del riesgo. Es probable que en su patio actúe de manera diferente. Esta vez en El Campín fue superado, y de lejos, por Santa Fe, que está cerca de llegar a las finales.
Hablando de esto, está el caso de Nacional, que es grave. Lo más fácil, porque parto de la base de los múltiples recursos económicos del equipo, es que seguro vendrá una renovación de plantel para el siguiente semestre y se puede confiar en el ojo del señor Osorio para tal efecto. Por supuesto en su última salida delante de La Equidad, un equipo con suficiente memoria para ganar puntos en Techo. Sólo rescato al joven Quintero y algunos movimientos de Álvarez. No era la línea titular y algunos de ellos venían de empatar con Sucre, un buen equipo de la Primera B. El nuevo técnico debe ser una persona capaz de manejar los egos de tanta estrella o supuesta estrella, armonizar el grupo en sus vanidades y erradicar los egoísmos que afloran cuando se juntan jugadores mimados, bien remunerados y consentidos.
Si la clave está en el poder goleador de Dorlan Pabón se podría suponer que sus compañeros juegan para él o, en caso contrario, lo dejan aislado y resuelven de otra forma complementaria. Pero si son sinceros, como lo fue Real Cartagena en El Campín, lo práctico es aprovechar las condiciones de Pabón y disponer de otro plan cuando él no esté, y allí se vería de qué son capaces Macnelli y Mosquera. Y digo “cuando no esté”, porque es clara la posibilidad de su trasferencia al exterior. Por eso creo que a Osorio lo espera una tarea más de psicólogo que otros menesteres.