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Es el empleo, ¡tarado!

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¿Qué valor tiene que la inflación esté bajo control y que el PIB crezca si el desempleo es alto?: Ninguno. «No es la economía, estúpido, es el empleo», le replicaría hoy día a James Carville, quien hizo famosa esa frase en la campaña electoral que ganó Bill Clinton.

Un desempleo del 25% en España y una juventud desesperanzada por sufrir de una tasa de desocupación del 40% produjeron una reducción en la calificación crediticia de ese país en dos escalones y tienen al presidente Mariano Rajoy en franco deterioro de su popularidad. En Francia, la derecha de Sarkozy pierde terreno con el socialista Hollande, quien lo tiene acorralado por su fracasada promesa de bajar el desempleo al 5% desde el 10% actual.

Las ayudas financieras suministradas por el presidente Obama a empresas como General Motors o a la banca nunca llegaron al ciudadano raso, poniendo en evidencia que la medicina keynesiana de gasto público financiado con emisión y déficit fiscal es la correcta pero con el paciente equivocado, pues el empleo no mejora, como se confirmó ayer por el último dato creación de empleos no agrícolas en ese país y que estuvo muy por debajo de lo esperado por el mercado, que castigó a las acciones por ese motivo.

Ahora bien, aunque en EE.UU. bajó levemente el desempleo, esto se debió a que menos personas salieron a buscar trabajo, ante la desesperanza de conseguirlo, situación parecida a Colombia, donde además el resultado se favorece por el crecimiento del ejército de subempleados que dejan de marcar en las estadísticas de desempleo abierto, pero no hacen favor a la calidad del mismo, al tiempo que se crean agencias gubernamentales que emplean burocracia con fines electorales. No obstante, mantenemos el nivel de desocupación más alto de América Latina, por encima del 11%, cifra que debería significar la renuncia del vanidoso ministro de Hacienda al prometernos su dimisión si no lograba bajar dicho indicador a un solo dígito.

La crisis económica mundial está lejos de resolverse y la generación actual de jóvenes está signada por la frustración. Hablar de economía en abstracto no lleva a nada, es el empleo lo palpable para la mayoría. Sin empleo todo es vano y la frustración puede generar violencia.

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