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Cada vez tiene más papeletas para ser el siguiente dictador en caer. El mandatario yemení estará fuera de su país más de lo que le habría gustado. Su cura en Arabia Saudí puede prolongarse semanas, mientras la comunidad internacional aumenta la presión para que abandone un régimen prácticamente acabado
Alí Abdalá Salé lleva más de tres décadas apegado al poder en Yemen. Su propio partido ha accedido reiteradamente a la oferta para salir de la presidencia formulada por la oposición con mediación extranjera a cambio de obtener inmunidad. Ni así se da por satisfecho Salé, que por tres veces se ha echado atrás en las negociaciones con la excusa de que Al Qaeda tomaría su testigo.
Pero el tiempo se le agota: no sólo se ha visto forzado a abandonar el país unas semanas por las graves heridas sufridas en el ataque a su palacio presidencial, sino que un importante líder tribal –Sadeq al Ahmar- se ha unido a la lucha de los opositores al régimen en las últimas semanas. De hecho, fuentes gubernamentales aseguran que el ataque contra Salé lo lanzó esta tribu, algo que niega el grupo.
Aunque el vicepresidente yemení, Abd-Rabu Mansur Hadi, afirma que Salé estará de vuelta de sus curas en Arabia Saudí en unos días, fuentes diplomáticas aseguran que necesitará un tiempo mayor de recuperación. No se ha producido exactamente un vacío de poder con la marcha forzada del dictador, pero no es lo mismo un Gobierno y un país dirigido por el segundo de a bordo -incluso o precisamente por estar aceptado por la oposición- del que lleva liderando el devenir de Yemen desde hace más de treinta años.
En casa del ‘enemigo’
El país que acoge ahora al presidente herido es precisamente el mismo que ha fomentado la hoja de ruta para la transición, el Consejo de Cooperación del Golfo. Arabia Saudí lidera al grupo de países arábigos que pedía a Alí Abdalá Salé su renuncia al poder, por lo que ahora tiene la sartén cogida por el mango.
El Gobierno saudí puede aprovechar para tratar de prolongar el tratamiento de Salé o simplemente para dialogar con él y tratar, una vez más, de que acepte el acuerdo que le permitiría abandonar airoso la silla de la presidencia yemení.
Presión internacional
Además, las voces de la diplomacia internacional pidiendo a Salé que se vaya aumentan. La secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, ha pedido «una transición inmediata, pacífica y ordenada».
Países de la Unión Europea como España, Francia o Alemania también han mostrado su apoyo a la propuesta del Consejo de Cooperación del Golfo, que incluye la celebración de unos comicios democráticos en el plazo de tres meses a partir del abandono del poder de Salé.
Inmunidad
La Haya de momento no ha amenazado con llevar a Alí Abdalá Salé a los tribunales, como hizo con Muamar al Gadafi. Es cierto que el caso del líder libio incluye presuntas matanzas en masa de civiles con bombardeos sobre la propia población, unos ataques que superarían la crueldad y el ataque del que se podría llegar a acusar a Salé en un principio.
Pero el expresidente egipcio Hosni Mubarak, que sí se ha librado de comparecer ante el Tribunal Penal Internacional, sin embargo sí tendrá que rendir cuentas ante los tribunales de su país. Salé aún tiene la ventaja de poder acogerse a la inmunidad que le han ofrecido.
Pero si sigue tensando la cuerda y sus fuerzas de seguridad continúan matando a civiles, ese privilegio prometido a Salé puede quedar en agua de borrajas. De hecho, el Consejo de Cooperación del Golfo ya dijo que abandonaba su plan de pacificación en Yemen tras la tercera negativa del presidente.
Con una tregua que mantiene el fuego cruzado más o menos a raya entre ambos bandos desde el ataque a Salé, la guerra civil que amenazaba con invadir el territorio yemení ha quedado en modo de espera. Aún no hay nada decidido y si Salé consigue volver a su país antes de perder el poder, los enfrentamientos armados pueden recrudecerse ante el hartazgo en aumento de la población.