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La seguridad en Londres

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En una época en la cual el terrorismo es una amenaza real, especialmente en países poderosos, curiosamente no existen mayores temores por parte del gobierno inglés frente a la seguridad de los Juegos Olímpicos Londres 2012.

Delincuencia común y posibles alteraciones del orden público, similares a algunas ocurridos el año pasado, parecen ser los únicos problemas que preocupan a los ingleses, aunque en el fondo subyacen temores relacionados con grupos islámicos extremistas vinculados de alguna manera a la red Al Qaeda.

Las medidas de seguridad tomadas con ocasión de los Olímpicos son el resultado de los naturales miedos acumulados a lo largo de una historia olímpica afectada por hechos irregulares, cometidos alrededor del “fenómeno social por excelencia”, como calificó al deporte el profesor español José María Cagigal.

Los hechos irregulares comenzaron en Berlín 1936, con el protagonismo del nazismo de Hitler, disparado por la majestuosidad del certamen, pero desdibujado por la enfermiza obsesión del dictador por lograr la victoria de la raza aria y el desprecio por etnias consideradas inferiores, como la negra, dignificada por la figura de esos Juegos, Jesse Owens.

Después vendría la guerra que el Führer desató y la suspensión y reanudación de los Juegos, en Londres 1948, con un certamen demasiado pomposo para la pobreza de la época, causada por la guerra. Pasarían años de tranquilidad hasta México 68, cuando ocurrió la Masacre de la Plaza de las Tres Culturas, en la capital, en la cual perdieron la vida decenas de jóvenes que protestaron por la realización de los Juegos en su territorio.

Pero el hecho más grave ocurriría cuatro años después, cuando en Múnich 72, once atletas israelitas murieron, al final de un episodio propiciado por un comando palestino que asaltó la Villa Olímpica, secuestró y luego mató a un grupo de deportistas.

A partir de entonces, los Juegos Olímpicos fueron blindados, para garantizar la vida de sus protagonistas. Salvo conflictos de corte político ocurridos en algunas celebraciones, las justas han transcurrido en calma, como se espera que suceda en Londres.

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