Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Dice el presidente Santos que la reforma a la justicia no está escrita en piedra, inspirándose seguramente en la idea bíblica. También, por el contrario, ha afirmado varias veces que su promesa de no subir tarifas tributarias está escrita en piedra.
Vamos más a fondo. Nada está escrito en piedra, presidente. Ni siquiera el decálogo. Chirstopher Hitchens (The new commandments) recuerda que hasta las tablas de la ley sufrieron varios cambios. Se editaron varias versiones.
La presentación inicial fue desechada por Moisés al bajar de la montaña (Éxodo 20). La segunda edición aparece en Éxodo 34. Y, por fin, hay una revisión profunda en Deuteronomio 5, la cual tiene muchísimos mandamientos hoy olvidados. Al contrario de la versión condensada y políticamente correcta del catolicismo, que deja de lado una serie de mandatos. No se sabe si esto sea resultado del trabajo de una comisión de estilo, de un deseo vaticano de no meterse en problemas o un simple triunfo de la impunidad. Además, las versiones protestante, judía y católica de la actualidad tienen entre sí diferencias importantes. El segundo mandamiento protestante prohíbe de un tajo la iconografía y agrega que “no te inclinarás ante imágenes ni las honrarás”, algo sin lo cual el catolicismo pierde identidad. En cuanto al décimo, no codiciarás los bienes ajenos, el asunto es más complicado. Los protestantes lo redujeron a la escueta fórmula “no codiciarás”, mientras la versión bíblica tiene serias complicaciones: “No desearás a la mujer de tu prójimo ni tampoco sus cosas: casa, campo, siervo o sierva, buey o asno…”. Esto es políticamente incorrecto por dos razones: una, porque se incluye a la mujer dentro de las pertenencias del marido, algo inaceptable. Y otra, porque el texto es totalmente discriminatorio, ya que sólo incluye propietarios de bienes, especialmente hacendados samarios o señoras caleñas con sirvientes. Pero algo más grave: en la versión protestante se reitera el “no cometerás adulterio”. Qué obsesión. Con esta doble mención se instaura el pecado de pensamiento. No se puede desear a la mujer del prójimo (primer pecado) ni cometer adulterio (segundo pecado). ¿Hay concurso de delitos? ¿Se castiga un acto preparatorio? ¿Se viola el non bis in ídem? Por otro lado, en el decálogo judío se dice: “Honra a tu padre y tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Eterno, tu Dios, te da”. Claramente es una carga interesada. Los judíos piensan en la herencia, no en proteger a los viejecitos de la tercera edad. Mientras la católica dice llanamente “no matarás”, los judíos sentencian: “No asesinarás al inocente”. Nuevos problemas: ¿hay diferencia entre homicidio y asesinato? ¿Se puede aniquilar al culpable? Recordemos que en la Biblia, enfurecido Moisés por el becerro de oro, decretó: “Cíñase cada uno la propia espada al muslo… mate cada uno a su hermano, a su amigo, a su pariente”. Vino una masacre con 3.000 víctimas. ¿Lesa humanidad?
De modo que muy bien presidente. Nada está realmente escrito en piedra. Falta ver si la Rama Judicial regresa a la grey (algo que se ve remoto) y dedica esfuerzos a reflexionar sobre la manera de peluquear el accidentado proyecto. Y si en aras de la anunciada equidad, vendrán alzas de tarifas.